Principios Arminianos para Interpretar Romanos 9

Romanos 9 es el texto que frecuentemente es usado como respaldo por los Calvinistas. Ellos sostienen que es sobre una elección individual para salvación – que Dios incondicionalmente elige salvar a ciertos individuos, y que incondicionalmente rechaza o endurece a otros. John Piper menciona que la interpretación calvinista de Romanos 9:11-12 fue la causante de convertirlo a él en calvinista.[1]

Los Arminianos tienen una diferente conclusión acerca de Romanos 9. Nosotros sostenemos que es acerca de la elección de Israel para servir a los grandes propósitos de Dios. Específicamente, es sobre cómo Dios es justo en cómo trató a Israel; y es sobre cómo Él cumplió Su Palabra en la manera en que los trató. Pablo está preguntando si la nación de Israel puede salvarse, y si Dios es justo en la manera en que los trata como grupo. ¿Son los judíos salvados por su genealogía? ¿O deben los judíos creer en Jesús para ser salvados? Pablo argumenta que aún si los judíos son descendientes de Jacob y Abraham, ellos no tendrán un boleto gratis al cielo solamente por su linaje (Romanos 9:8). Israel fue bendecido como un grupo de personas, porque la salvación viene de los judíos. No obstante, los judíos son salvados individualmente de la misma manera que los gentiles – por tener fe en Jesús (Romanos 9:31; Romanos 10:11-13).

1) Para entender Romanos 9, lee todo Romanos 9, junto con Romanos 10 y 11. Aún mejor, lee todo Romanos. El contexto general del libro es la llave para entender el pasaje. Los calvinistas prefieren citar únicamente Romanos 9:10-24, porque esa es la porción “más calvinista” si se lee aisladamente. Pero Romanos 9:10-24 no debería ser leído sin un entendimiento del contexto que lo rodea y la pregunta que Pablo está planteando.

Este es el trasfondo: Israel estaba dependiendo de su etnicidad como descendientes de Abraham. Ellos pensaban que siendo hijos físicos de Abraham eran salvos “de fábrica”. Pablo usa a Jacob (Israel) y Esaú (Edom) para demostrar cómo la etnicidad no garantiza la bendición. Pablo ilustra que tanto Isaac como Jacob fueron elegidos para ser bendecidos en vez de Ismael y Esaú, aun cuando éstos últimos eran los hijos mayores. A pesar de la bendición de ser descendientes de Jacob, los judíos son salvados individualmente de la misma manera que los gentiles – por la fe en Jesús. Aunque los judíos son físicamente descendientes de Abraham (como lo fueron Ismael y Esaú), ellos aún deben creer en Jesús a fin de ser salvos (Romanos 10:11-13). Este es el argumento de Pablo.

Pablo declara que él está hablando de la nación de Israel en la apertura del Capítulo 9 (atrevimiento mío):

Romanos 9:1-5: Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

Pablo nos recuerda de nuevo que él está escribiendo sobre la nación de Israel en el cierre del Capítulo 9 (atrevimiento mío):

Romanos 9:30-32: ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.

La nación de Israel siempre está en la mira en Romanos 9, 10 y 11. Esa es la razón de porqué es tan importante leer todo el libro de Romanos.

2) Analicemos la porción de Romanos 9 que suena calvinista, referente a los pasajes del Antiguo Testamento que Pablo usa para su argumentación. Estos pasajes muestran que Pablo sigue en el tópico de la nación de Israel, y él está apunta tales versículos al derecho de Dios de usar a Israel como Él prefiere. Los versos parecen referirse a individuos en una lectura superficial (Jacob, Esaú y Faraón). Sin embargo, referencias del Antiguo Testamento muestran que los individuos son cabezas corporativas de sus naciones.

Por ejemplo (atrevimiento mío):

Génesis 25:23: y le respondió Jehová: “Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.” (referido en Romanos 9:11-12)

Malaquías 1:1-5: Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel (referido en Romanos 9:13).

Jeremías 18:1-10: Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. (referido en Romanos 9:21).

Hay algo especial que notar en el pasaje de Jeremías, y es que Dios (El Alfarero) no decreta lo que una nación hace, sino que primero Él ve lo que la nación hace, y de eso diseña algo de lo que pasa de la nación posteriormente, lo cual es resultado de su comportamiento grupal o corporativo. Esto es lo opuesto a la “elección incondicional individual”. Dios cambia de parecer sobre cómo tratar a una nación basado en la decisión de una nación de someterse a Él o no hacerlo. Esto es particularmente relevante para el argumento de Pablo en Romanos 9. Israel no estaba sometiéndose a Dios revelado en Cristo, y como resultado, Dios (El Alfarero) iba a tratarlos de acuerdo a esa conducta.

Una cosa más por la cual estar atento es el modismo hebraico de “aborrecí” (usada en Romanos 9:13 y Malaquías 1:3 – “Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí”). Este modismo significa amar menos a alguien en comparación a otra persona. Así como nosotros tenemos modismos (Por ejemplo: “Te ahogas en un vaso de agua”)[2], así también los hebreos. Este modismo no significa que Dios despreció y condenó incondicionalmente a Esaú y a todos sus descendientes. Significa que Él prefirió a la nación de Jacob por encima de la nación de Esaú, y eligió a los hijos de Jacob por el honor especial de ser parte de la línea de la cual el Mesías vino.

Jesús usa este mismo modismo cuando Él dice: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26). Él no está diciendo que deberías aborrecer a tu familia: ¡eso sería un quebrantamiento a Sus mandamientos! Él está diciendo que, en comparación a nuestro amor por Dios, nuestro amor por nuestra familia tendría que ser mucho menor. Lo mismo pasa con Jacob y Esaú. Dios amó a ambos y a sus descendientes. Sin embargo, Él tuvo un afecto especial por Jacob y sus descendientes, y eligió a los descendientes de Jacob por encima de los de Esaú con el propósito de salvar el mundo. 

En el caso del Faraón, Pablo lo usa como una analogía de cómo Dios puede tratar con justicia a la nación de Israel, aún si Él tiene que “endurecerlos” en el proceso. Así como Dios endureció a Faraón para Sus propósitos (después la malvada conducta del Faraón), Él tenía el derecho de endurecer a la nación de Israel para Sus propósitos; y vemos del pasaje de Jeremías que este endurecimiento viene como respuesta de Dios; no es la primera opción de Dios. Significativamente, no era la primera opción de Dios condenar eternamente al Faraón. Dios trató al Faraón con justicia, y Él quería que fuese salvo (Para más información sobre este tema, vea el post: “El Endurecimiento del Corazón del Faraón”)[3]

3) Lo que sea que Romanos 9 diga, no puede decir que Dios es un mentiroso, y no puede contradecir el claro significado de otros pasajes bíblicos. Si Dios es amor (1 Juan 4:8), entonces no podemos usar Romanos 9 para probar que Dios es odio.[4]

Febrero 17, 2015, posteado por Kevin Jackson.

[Este post fue tomado de la Sociedad de los Arminianos Evangélicos (http://evangelicalarminians.org/arminian-principles-for-interpreting-romans-9/)  donde se encuentran el post original y los comentarios]


[1] John Piper, “The Absolute Sovereignty of God, What is Romans 9 about?” (“La absoluta soberanía de Dios, ¿de qué trata Romanos 9?”)

[2] Nota del traductor: El ejemplo original tiene una expresión o modismo que, posiblemente, solamente es conocido en la región del autor. Decidí poner un ejemplo de modismo más conocido.

[3] Nota del traductor: El post mencionado estaré traduciendo y publicando posteriormente.

[4] Nota del traductor: Se menciona más acerca del tercer punto, pero lo consideré una redundancia innecesaria. De cualquier manera, pueden solicitarme traducir la parte omitida si lo desean.

Un comentario en “Principios Arminianos para Interpretar Romanos 9

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