¿Enseña Pablo sobre la Seguridad Incondicional Eterna en Romanos 8:35-39?

Romanos 8:35-39

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

De nuevo, la promesa y seguridad presentada en este pasaje de Las Escrituras es solamente para creyentes (“nos” del verso 35). Ninguna de estas cosas es cierta para los incrédulos y nada en este pasaje sugiere que la fe no puede ser abandonada o que el amor por Dios no puede enfriarse (Mateo 24:12). Este pasaje da seguridad a los creyentes, quienes han sufrido persecución, de que tales sufrimientos no deberían ser interpretados como indicando que Dios ya no hace les hace favores o que no los ama. Ningún tipo de persecución u oposición puede abrumar a un creyente ya que el creyente siempre tiene la victoria en Cristo. Tampoco las turbulencias de esta vida ni de la muerte misma pueden separar al creyente del amor de Dios. A través de Él y por Él somos más que vencedores a pesar de cualquier obstáculo o batalla que pudiéramos enfrentar. Sin embargo, así como en Juan 10:27-29 no hay nada que sugiera que el amor salvífico de Dios es incondicional o que los creyentes no puedan separarse a sí mismos del amor de Cristo por abandonarlo durante pruebas y persecuciones. El que permanezca ciertamente triunfará pero no hay promesa de victoria para quien retrocede en incredulidad (Hebreos 10:38; Mateo 10:22, 28, 32, 33). Ciertamente, Las Escrituras amonestan a los creyentes a permanecer en el amor de Dios (Judas 21) y en el amor de Cristo (Juan 15:9). Si la promesa de Romanos 8:35 fuera incondicional entonces tales pasajes como Judas 21 y Juan 15:9 se convertirían en un disparate. Forlines observa:

Soy de la opinión de que este pasaje no lidia con la cuestión de si un salvo puede o no puede perder la salvación. En cambio, enseña que una persona quien es hijo de Dios nunca podrá, al mismo tiempo, ser separado del amor de Dios. En otras palabras, el creyente nunca puede interpretar las dificultades como una señal de que Dios no lo ama. En vez de eso, él debería reconocer que el amor de Dios sigue con él y debería decir con Pablo: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Supongamos que este pasaje no lidiara con el tema de la seguridad. Sería explicado de la misma manera que la afirmación de Jesús cuando él dijo: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28). Pablo estaría diciendo con la mayor empatía posible en el lenguaje humano, que nuestra salvación personal es una cuestión entre el individuo y Dios. Estaría diciendo que ni en la tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, o espada (verso 35), muerte, vida, ángeles, principados, poderes, cosas presentes ni futuras (verso 38), ni lo alto ni profundo, ni ninguna otra cosa creada (desde una perspectiva colectiva o singular) puede separar a un creyente de Cristo. Yo creo eso. Lo que Pablo dice en estos versos no contradice en nada mi punto de vista que si un creyente da las espaldas a Dios en insolencia, arrogancia, incredulidad, entonces Dios lo desarraigará de Cristo (Juan 15:2, 6).

Algunos creen que el verso 39 nos da una promesa incondicional: “…ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Ellos creen que ya que un creyente es una “cosa creada”, entonces incluso un creyente no puede removerse a sí mismo del amor de Dios. Esta apelación es problemática en muchos aspectos.

Primero, ignora el contexto del pasaje en el cual está hablando de persecuciones y tribulaciones que el creyente tiene que soportar (fuerzas, circunstancias, e influencias fuera del creyente). El verso 39 sigue hablando de estas cosas y por tanto no pueden tener la referencia del creyente mismo. Ciertamente, esta es una manera muy rara y poco natural de leer el texto y estoy muy confiado en que uno nunca podría leer el texto de esa manera a menos que hubiese un compromiso previo a la seguridad incondicional, y tratando de sostener tal doctrina en este pasaje. Grant Osborne muestra esta realidad muy bien cuando escribe: “Presiones externas no pueden separarnos del amor de Cristo, pero la apostasía interna puede (Grace Unlimited, pg. 179).

Segundo, la sugerencia de que un creyente no puede separarse a sí mismo del amor de Dios contradice pasajes como Judas 21 y Juan 15:9 como se dijo más arriba. Tercero, mientras que en un sentido el creyente puede separarse a sí mismo del amor de Dios en Cristo al abandonar la fe, es necesario recordar que de acuerdo a la Palabra, el creyente no es que se separa finalmente a sí mismo de Cristo (la esfera del amor especial de Dios) como Forlines lo nota más arriba. Cuando un creyente abandona la fe y se vuelve un incrédulo, Dios mismo separa a esa persona (ahora un incrédulo) de Su Hijo (Juan 15:2. 6), y Dios no es una “cosa creada”.

[Este post fue tomado del blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/does-paul-teach-unconditional-eternal-security-in-romans-8-35-39/) donde se encuentra el post original]

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