Una vez más a la brecha: Depravación total e Incapacidad Total

Los que niegan la doctrina de la Depravación Total y especialmente su corolario, la Incapacidad Total, exigen que les mostremos desde la Escritura dónde se enseña una incapacidad interior inherente para creer libremente en Jesucristo y su Evangelio (debido a que necesariamente debe haber una obra interior del Espíritu Santo en la liberación de la propia voluntad del dominio que es nuestra naturaleza pecaminosa). Esta doctrina es cada vez más importante, ya que los creyentes no sólo rechazan dicha enseñanza bíblica, sino que también asumen que la teología Arminiana niega este axioma Bíblico y Reformado. Los Arminianos afirman tanto la Depravación Total como la Incapacidad Total.1 No afirmamos  “Free Will” (Voluntad Libre) sino que afirmamos “Freed Will” (Voluntad Liberada) osease, se es liberado por El Espíritu Santo para responder libremente al Evangelio. (Ver el artículo informativo, «Los HECHOS (FACTS) de la Salvación: Un Resumen de la Teología Arminiana/ Las Doctrinas Bíblicas de la Gracia» del sitio web de la Sociedad de Evangélicos Arminianos).

El hecho de que los seres humanos nacemos con una naturaleza pecaminosa sólo es negado por los pelagianos y algunos semi-pelagianos. Dicho hecho no se construye como una táctica del monstruo del armario, sino como un hecho evidente. Es bien sabido que los mortales nacemos culpables del pecado de Adán y eso no está bajo ninguna sospecha aquí pero, ¿qué implica poseer una naturaleza pecaminosa? O, mejor, ¿qué efectos produce la posesión de una naturaleza pecaminosa? ¿Puede una persona pecadora realizar un buen acto?, claro que Sí. Jesús confiesa que somos malvados, en nuestro propio ser o naturaleza, pero sabemos cómo dar buenos regalos a nuestros seres queridos. (Mateo 7:11). La gente pecadora puede amar, razonar, realizar buenas obras para los demás, cuidar de los pobres, y un sin fin de otras actividades positivas relacionadas con el reino de la humanidad y la naturaleza humana.

¿Pero qué hay del reino espiritual? ¿Qué puede lograr un mortal pecador espiritualmente? La respuesta es simple: NADA. En cuanto al acto de creer en Cristo, la condición requerida por Dios para la salvación del alma, Jesús mismo confiesa: «Nadie puede [es decir, tiene la capacidad de] venir a mí a menos que el Padre que me envió lo atraiga» (Juan 6:44); «nadie puede [es decir, tiene la capacidad de] venir a mí si no le fuere concedido [ser dado, ofrecido] por el Padre» (Juan 6:44, énfasis añadido). Nótese que «venir a» y «creer en» Jesús se usan como sinónimos (Juan 6:29, 35, 37, 40). ¿Por qué, sin embargo, el Espíritu de Dios debe «atraer» y «conceder» (Filipenses 1:29) para que una persona crea en Jesucristo? Jesús relaciona esta cuestión con la incapacidad. Dios debe asumir primero una postura proactiva con respecto a nosotros si queremos creer, por lo tanto, somos incapaces de creer y venir a Jesús sin un trabajo previo de la Gracia Preventiva. Esta verdad denota una condición espiritual de nuestra naturaleza caída, la cual es una realidad desde el nacimiento.

Alguien que niega esta comprensión de la Gracia Preveniente puede argumentar, como lo hace Leighton Flowers: «no debemos presumir que sólo porque el hombre nace caído, el evangelio no está a la altura de la tarea de permitir que el hombre caído responda a su llamado a la reconciliación de esa caída» (Link).Pero el mensaje o las palabras de la Buena Nueva no son palabras mágicas, las palabras no permiten a una persona creer en Jesús. Las palabras pueden informar a un individuo con respecto a la información, pero no pueden capacitar espiritualmente a una persona para asumir una acción, y la capacitación espiritual está en el centro de atención aquí, ya que una persona carnal o natural «no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque son una locura» para esa persona; de hecho, ese individuo no puede entenderlas, porque son evaluadas, examinadas o discernidas espiritualmente (1 Corintios 2:14). A menos que el Espíritu Santo permita y conceda a una persona creer libremente, esa persona no creerá, porque no puede creer.
Leighton no está de acuerdo y discute más:

“Piensa en esto objetivamente por un minuto. Enseñar este concepto de regeneración pre-religiosa (desde la perspectiva y la teología del Calvinista) o incluso la necesidad de la «Gracia Preveniente» (que es la perspectiva y la teología del Arminiano que Leighton rechaza) significa que hay que afirmar que Dios (por alguna razón desconocida) decidió castigarnos a todos por el pecado de Adán haciéndonos a todos innatamente incapaces de responder voluntariamente a su propia palabra a menos que Él hiciera activamente algo para hacernos capaces de nuevo. ¿Tiene esto algún sentido racional si se mira objetivamente?”. (Link) [énfasis añadido]

En primer lugar, la objetividad pura pertenece sólo a Dios, por lo que apelar a una perspectiva «objetiva» es inútil. Ni los Calvinistas, ni los Arminianos, ni los que siguen a Leighton son objetivos. Esta cuestión es un asunto de exégesis bíblica guiada por la hermenéutica particular de cada uno. La perspectiva de Leighton, citada anteriormente, no es objetiva, sino que está basada en su método exegético el cual está formado por su particular hermenéutica.

Segundo, ni el Calvinista ni el Arminiano sugieren que Dios, por alguna razón desconocida, decidió castigarnos a todos por el pecado de Adán haciéndonos a todos innatamente incapaces de responder voluntariamente a su propia palabra. Dios no nos hizo «innatamente incapaces de responder voluntariamente» al Evangelio: nacemos innatamente incapaces de responder voluntariamente al Evangelio aparte de la obra interior del Espíritu Santo. Esto es parte de lo que implica estar «muerto en pecados». Uno está muerto a las realidades espirituales que involucran a Dios, su Hijo, su Espíritu y su palabra. Somos incapaces por naturaleza. Nacemos pecadores. Dios no nos castiga a todos por el pecado de Adán haciéndonos a todos pecadores sino que somos pecadores por naturaleza (Romanos 3:23). Nacemos incrédulos. Dios no nos castiga a todos por el pecado de Adán haciéndonos a todos incrédulos sino que somos incrédulos por naturaleza. (Juan 3:18)

Incluso si el asunto fuera como Leighton lo ha esbozado anteriormente, ¿sería Dios injusto al castigarnos de tal manera, dado que Él mismo sometió a la naturaleza a la entropía por el pecado de un hombre (Romanos 8:20)? Aun asi, a la luz de tales argumentos presentados por los Arminianos y Calvinistas, algunos todavia se niegan a aceptar la depravación total y la incapacidad total como algo bíblico. A menudo estos mismos individuos insisten en que una habilitación, de cualquier manera concebible, es una doctrina gratuita (injustificada). Las personas son capaces, por sí mismas, de responder libremente a la Buena Nueva de la Salvación por la Gracia a través de la Fe en Cristo, todo lo que se requiere es que una persona escuche el Evangelio. Si eso es cierto, entonces no hay necesidad de que tales individuos insistan en que el Evangelio permite a la persona creer en Cristo. Algunos, inconsistentemente, todavía lo hacen.

San Pablo enseña que, con respecto al pueblo judío, sus mentes están endurecidas; incluso hasta el día de hoy un velo permanece sin levantarse de sus mentes (2 Corintios 3:14) y por el cual son incapaces de confiar libremente en Cristo. Continúa enseñando que el Evangelio está velado por el Diablo, que ha «cegado la mente de los incrédulos» (2 Corintios 4:3), por lo que cegar una incapacidad inherente se hace realidad y por lo tanto una habilitación de Dios debe realizarse si alguien va a confiar libremente en Cristo. ¿Cómo hace el Espíritu Santo para cumplir esta tarea? a través de la superación de nuestra ceguera (2 Corintios 4:6), atrayendo (o cortejando), otorgando y señalándonos hacia Cristo (Juan 6:44; 6:65; Filipenses 1:29), hacia el arrepentimiento (Romanos 2:5) a través de la predicación de la Palabra (o el poder del Evangelio de Jesucristo) (Romanos 1:16, 17) y la audición espiritual de ese Evangelio (Gálatas 3:2, 5), y finalmente, por su convicción de nuestro pecado, la falta de justicia, y el juicio por venir (Juan 16:8, 9, 10, 11). El Espíritu Santo es el que realiza este trabajo, no sólo las palabras del Evangelio ni mucho menos la predicación de un sermón, sino que la propia persona del Espíritu Santo es el agente de nuestra Salvación por su actividad misericordiosa y habilitadora de la Gracia.

Considere también la noción de incapacidad del estado de pecado en el que se encuentra toda persona: «Y vosotros estabais muertos [lit. estar muertos: participio presente] en vuestras transgresiones y pecados, en los que anteriormente anduvisteis según el curso de este mundo, según el príncipe de la fuerza del aire, del espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia.» (Efesios 2:1-2 NASB). Observen que las personas incrédulas viven su vida de acuerdo a las normas de la cultura (es decir, «de acuerdo al curso de este mundo») y también de acuerdo al espíritu maligno que está «trabajando en» tales incrédulos. Esta desobediencia inherente requerirá una obra interna del Espíritu Santo, no solo en la restricción de nuestra naturaleza depravada sino también del espíritu maligno que actúa en el corazón, esto si es que se quiere confiar libremente en Cristo y así ser Salvado. ¿Deberíamos creer la teoría de los que rechazan la doctrina de la Incapacidad Total, a saber, que una persona es intrínsecamente capaz de confiar en Cristo por el mero hecho de escuchar el Evangelio mientras que el maligno está trabajando dentro de un corazón y una mente tan voluntariamente desobedientes contra dicho Evangelio?

Además, tome en cuenta que la naturaleza del mortal caído es una en la que «todo intento de los pensamientos del corazón tiende siempre hacia el mal» (Génesis 6:5). Jesús también agregó que del corazón salen «malos pensamientos, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, calumnias» (Mateo 15:19). Los efectos de estas realidades caídas son perjudiciales para el libre albedrío en lo que respecta a las cuestiones espirituales. Sugerir que el Espíritu de Dios no es necesario para ayudar a los mortales caídos en una condición tan Depravada es evidentemente insultante. Entienda que la posición Arminiana sobre la Depravación Total y la Incapacidad Total es, en el fondo, tan fuerte como la del Calvinista: «La mente del hombre en este estado (argumenta Arminio) es oscura, destituida del conocimiento salvador de Dios y, según el Apóstol [1 Corintios. 2:14], incapaz de aquellas cosas que pertenecen al Espíritu de Dios»2. Alguien podría argumentar que «Esto parece calvinista» pero nosotros pensamos que esto en realidad parece (y es) Bíblico, Reformado, y Ortodoxo. Arminio añade que «nuestra voluntad no es libre de la primera caída, es decir, no es libre para el bien [espiritual, como lo es la fe en Jesucristo] a menos que sea se vuelva libre [es decir, que sea liberada] por el Hijo a través de Su Espíritu» 3. Esto es Arminianismo 101.

San Pablo, en la misma carta mencionada anteriormente, informa a los creyentes que la gracia de Dios le es dada según «la acción de su poder». (Efesios 3:7 y Efesios 1:19). También afirma: «Y a Aquel que es capaz de hacer muchísimo más allá de todo lo que pedimos o pensamos, según el poder que obra en nosotros» (Efesios 3:20). Debemos tener el poder personal de Dios, a través de su Espíritu Santo, trabajando dentro de nosotros para el logro de cualquier bien espiritual en absoluto… y la fe en Cristo es el último bien espiritual. Si no podemos entender los asuntos espirituales sin el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14), y no podemos ni siquiera después de ser regenerados por la gracia mediante la fe en Cristo realizar auténticas obras espirituales en Cristo ni comprometernos con disciplinas espirituales sin el poder de acción del Espíritu de Dios que reside en nosotros (Efesios 2:10, Filipenses 2:12-13) entonces ¿cómo podemos suponer que las personas pueden, en y por su Depravado e Indefenso ser, creer libremente en Jesucristo simplemente escuchando el Evangelio? ¡Tal noción es una comprensión sin el Espíritu del Evangelio y de la Salvación!

Además, piense en la naturaleza caída de la gente pecadora en términos de ser un enemigo indefenso de Dios y así la verdad de la incapacidad espiritual se convierte en un Principio Teológico y Bíblico necesario de defender. Mientras que la humanidad existe en un estado indefenso y pecaminoso (Romanos 5:6, 8), mientras que la humanidad es considerada un enemigo hostil de Dios (Romanos 5:10), Cristo muere por esos pecadores caídos, pero si estamos indefensos entonces necesitamos ayuda, lo que denota incapacidad. Si somos enemigos y nuestros corazones están en contra de las realidades espirituales en Dios, entonces necesitamos ayuda, lo que denota incapacidad. Si la mente que está «puesta en la carne», es decir, una disposición interior que es egocéntrica y que lleva sus anteojeras pecaminosas voluntariamente, entonces esa naturaleza es «hostil hacia Dios porque no se somete a la ley de Dios pues ni siquiera es capaz de hacerlo» (Romanos 8:7). Aquí, de nuevo, denotamos incapacidad, es decir: Los no regenerados no son capaces de recibir las realidades espirituales de Dios, como la obediencia a sus mandamientos (y «las obras que Dios requiere» es la creencia en Jesucristo (Juan 6:29)) sin el poder de trabajo interno del propio Espíritu Santo.

¿Pueden las meras palabras del Evangelio hacer que una persona ya no sea hostil hacia Dios sin la obra interior del Espíritu Santo? Esta parece una noción imposible de aceptar. San Lucas registra: «En Iconio [Pablo y Bernabé] entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que un gran número de personas creyeron, tanto de judíos como de griegos» (Hechos 14:1). ¿Debemos imaginar que Pablo y Bernabé ganaron conversos al Señor sin el poderoso trabajo interno del Espíritu Santo en un mero discurso persuasivo? Por supuesto que No. Pablo escribe a los Corintios: «Estuve con vosotros en debilidad y en temor y en mucho temblor, y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y del poder, para que vuestra fe no se apoyara en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios» (1 Corintios 1:3-5). El cielo prohíbe que percibamos la Gracia de Dios relacionada con la Salvación de Dios sin una obra habilitadora interna del Espíritu Santo de Dios. Rechazar la doctrina de la Depravación Total es reclamarle al Espíritu Santo y decirle: «No necesitamos tu ayuda, porque podemos lograr la Fe en Jesucristo en y por nosotros mismos». ¡No se puede concebir un pensamiento más trágico que el de sugerir que Dios no existe!

Jesús confiesa que, cuando ascienda de nuevo al Padre, Él y el Padre enviarán el Espíritu Santo: «Y Él, cuando venga, condenará al mundo por el pecado, la justicia y el juicio». La Nueva Versión Estándar Revisada traduce: «probará que el mundo está equivocado en cuanto al pecado, la justicia y el juicio». La palabra griega ἐλέγχω se refiere a reprender, disciplinar, exponer, demostrar ser culpable (link). ¿Por qué debe el Espíritu Santo realizar esta obra interior si todo lo que se necesita para que una persona crea en Cristo es escuchar meras palabras (El Evangelio) que digan que la salvación se encuentra en Cristo? ¿No podría la respuesta encontrarse en la verdad de que nuestra condición espiritual caída necesita que el Espíritu Santo realice una obra interior poderosa si una persona va a confiar en Cristo?, todas las referencias de las Escrituras que relatan una incapacidad innata con respecto a creer y venir a Cristo para la Salvación ¿no podrían estar informándonos colectivamente de que debido a nuestra condición caída, una condición que nos hace enemigos indefensos e incapaces de creer en Cristo, es necesaria una poderosa obra interna del Espíritu Santo si una persona va a confiar en Cristo?

Creemos que sí e insistimos en ello. Vemos esta enseñanza como tan obviamente bíblica que negarla es negar la naturaleza de la Gracia misma. ¿Por qué necesitamos esta Gracia interior? Porque nuestra naturaleza, desde el nacimiento, está contorsionada a las últimas verdades de Dios (a la Verdad encarnada en sí misma, Jesucristo). La intención misma de nuestro corazón es malvada desde el nacimiento (Genesis 8:21, Salmos 51:5; 58:3). El corazón dentro de nosotros los mortales caídos es más engañoso que todo lo demás y está desesperadamente enfermo (Jeremías 17:9) e incluso aquellos que a menudo saben de Dios suprimen la verdad por su maldad y se niegan a honrarlo como Dios (Romanos 1:18-21). Una naturaleza como ésta requiere más que meras palabras para una respuesta eficaz, es decir: Una naturaleza como ésta requiere una poderosa obra interior del Espíritu Santo que libere dicha naturaleza de las garras de la Depravación para obtener una respuesta libre, al confiar en Cristo, para una experiencia de Salvación.

Arminio está de acuerdo con el retrato de nuestra naturaleza malvada como se enseña en las Escrituras: «A esta oscuridad de la mente le sucede la perversidad de los afectos y del corazón según la cual odia y tiene aversión a lo que es verdaderamente bueno y agradable a Dios pero ama y persigue lo que es malo» 4. ¿Debemos creer que el mero hecho de escuchar la Salvación por medio de la Fe en Jesús es todo lo que se requiere para enmendar o superar nuestra naturaleza perversa que tiene aversión a lo que es verdaderamente bueno y agradable a Dios? Los Arminianos respondemos que no. Arminio continúa: «Corresponde exactamente a esta oscuridad de la mente, y la perversidad del corazón, es… la total debilidad de todos los poderes para realizar lo que es verdaderamente bueno» 5. Luego cita a Mateo 7:18, Mateo 12:34, Juan 6:44 y Romanos 8:7 para luego concluir que: «Con el mismo propósito están todos los pasajes en los que se dice que el hombre que existe en este estado está bajo el poder del pecado y de Satanás, reducido a la condición de esclavo, y llevado cautivo por el Diablo» 6. ¿Debemos imaginar que la mera escucha de la Salvación a través de la Fe en Jesús es todo lo que se requiere para ser liberado de la esclavitud espiritual y la cautividad del Diablo?

¡No! Estamos de acuerdo con lo que creemos que es la enseñanza no adulterada de las Escrituras, tanto la promovida por Arminio como la de los Reformados, y es que «nuestra voluntad no es libre de la primera caída; es decir, no es libre para el bien, a menos que sea liberada por el Hijo a través de su Espíritu» 7. Esta enseñanza Arminiana inspira al erudito Calvinista R.C. Sproul a confesar: «Arminio [y, por lo tanto, los Arminianos] no sólo afirma la esclavitud de la voluntad, sino que insiste en que el hombre natural, al estar muerto en el pecado, existe en un estado de incapacidad moral o impotencia. ¿Qué más podría esperar un Agustiniano o Calvinista de un teólogo? Arminio declara entonces que el único remedio para la condición caída del hombre es la operación misericordiosa del Espíritu de Dios» 8. Sproul también concluye que: «El lenguaje de Agustín, Martín Lutero o Juan Calvino es apenas más fuerte que el de Arminio» 9.

La Doctrina de la Depravación Total, y su corolario de la Incapacidad Total, no es meramente una enseñanza Calvinista sino que es, creemos, un precepto Bíblico y Reformado que pertenece a la Teología de Jacobo Arminio, a sus sucesores los Remonstrantes, y al Arminianismo moderno.

__________

1. Comprende dos verdades significativas con respecto al Arminianismo y la doctrina de la Depravación Total: 1) evitamos el lenguaje de «cadáver» relacionado con aquellos que están «muertos en pecados» (Efesios 2:1) ya que los autores de la Escritura no usan el mismo lenguaje; y 2) también evitamos cualquier noción de que la regeneración debe preceder a la fe. En primer lugar, preferimos el lenguaje bíblico de «separación» con respecto a los que están muertos en pecados, porque los autores de la Escritura también lo hacen, ya sea de manera explícita (Isaías 59:2; Efesios 2:12-13) o implícita (Lucas 15:24, 27, 32). En segundo lugar, sostenemos que la Gracia Preveniente es la Gracia Suficiente que garantiza una respuesta del individuo dada libremente, siendo la respuesta positiva de la Fe la condición sobre la que Dios regenera al creyente. Tomemos, por ejemplo, lo que San Pablo informa a los creyentes en Colosas: «Cuando [siendo lit.: participio presente; Efesios 2:1] estabas muerto en tus transgresiones [Efesios 2:1] y en la incircuncisión de tu carne [o naturaleza pecaminosa], Él te hizo vivo [es decir, te regeneró] junto con Él, habiéndonos perdonado todas nuestras transgresiones» (Colosenses 2:13). Aquí, ser perdonado de los pecados de uno precede al acto de ser regenerado por Dios. Si somos perdonados de nuestros pecados por Gracia a través de la Fe en Jesucristo, entonces la Fe precede a la Regeneración.

Sin embargo, cuando los Arminianos apelamos al libre albedrío, típicamente la referencia se refiere a asuntos no relacionados con el reino espiritual. Por ejemplo, cuando una persona peca, esa persona peca libremente – de su propio libre albedrío, Dios no ha decretado o dado la certeza de que una persona peca. Sin embargo todo lo que se refiere a la Gracia, la misericordia, el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios, la paz con Dios, la Salvación, la Santificación, la Justificación, la Glorificación, esas cuestiones se producen en la vida de la persona únicamente por la habilitación proactiva y la Gracia Suficiente de Dios que actúa en el seno del mortal caído, indefenso y pecador.

2. Jacobo Arminio, «Veinticinco disputas públicas: Disputa XI. Sobre el libre albedrío y sus poderes», en The Works of Arminius, edición de Londres, tres volúmenes, trans. James y William Nichols (Grand Rapids: Baker, 1996), 2:192.

3. Ibídem, 2:194.

4. Ibídem, 2:193.

5. Ibídem, 193-94.

6. Ibídem, 194.

7. Ibídem.

8. R.C. Sproul, “Dispuesto a creer: La controversia sobre el libre albedrío” (Grand Rapids: Baker, 1997), 128.

9 Ibídem, 126. Publicado Originalmente en Muerte Espiritual/en pecado, Depravación, Flores. Leighton, Gracia, Pelagianismo, Gracia Preveniente, Semi-Pelagianismo, Solus Arminius, Gracia Suficiente.

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