Tres razones por las que deberías leer a Arminio – Parte I: Si te consideras arminiano — Jorge De Sousa.

Es julio, y la Editorial Teología para vivir ha anunciado que este mes publicará la Declaración de Creencias y Disputas Públicas de Jacobo Arminio. Este volumen comprende los aspectos más remarcables de la obra del teólogo holandés, cruciales para entender su pensamiento teológico. Además, es la primera vez que Arminio es traducido y publicado formalmente en el idioma español.

Sin embargo, es evidente que muchos podrían estarse preguntando: ¿Para qué debería leer a Arminio? Dependiendo de tu contexto, esa pregunta puede responderse de distintas formas, pues tengo por seguro, después de haber tenido el privilegio de trabajar en la traducción que está por publicarse, que tanto “arminianos”, como arminianos y calvinistas, todos pueden sacar provecho de la lectura de la obra de Jacobo Arminio.[1]

Es por eso que decidí redactar esta breve serie de tres artículos, en la cual pretendo ofrecer, por cada uno de ellos, tres razones para leer a Arminio; primero, si te consideras arminiano; segundo, si te consideras calvinista; y por último, si no has tomado partido por ninguno de los dos puntos de vista antes mencionados, o te consideras neutral (o ajeno) a este debate. Esta primera entrega, pues, presentará tres motivos por los que alguien que se considera un adherente a la teología arminiana debería leer la obra que está a punto de publicarse.

  1. Arminio ha sido mal entendido.

Es posible que, llegados a este punto, muchos se detengan y argumenten algo como lo siguiente: “Claro, ha sido mal entendido por sus detractores”. No estoy hablando de eso.

Cuando comencé a estudiar teología de manera autodidacta, antes de tener la oportunidad de cursar estudios más formales en un Seminario, me encontré con este debate de la soteriología con el que todo estudiante de las Escrituras se deberá enfrentar alguna vez en su vida. Como yo rechazaba los postulados de lo que se me enseñaba que era el calvinismo, inmediatamente, y casi por descarte, dije: “Soy un arminiano”. Por supuesto, no había leído ni siquiera una introducción a la teología arminiana, ni mucho menos libros más completos. En realidad, lo que creía estaba más cerca del semipelagianismo que de la teología de Arminio.

Esto sucede muy frecuentemente en la iglesia de hoy, particularmente (aunque no exclusivamente) en el entorno del movimiento pentecostal. Confesionalmente, las iglesias pentecostales clásicas son arminianas en su doctrina, o eso afirman ser. Sin embargo, en la aplicación de esa confesión, la creencia general de las congregaciones e incluso las enseñanzas que emanan del púlpito suelen ensalzar la libertad del hombre y pormenorizar el estado de muerte espiritual del hombre caído. Esto, por supuesto, está tan lejos del pensamiento de Jacobo Arminio como el propio supralapsarianismo que tanto rechazó.

Un ejemplo clásico de esto puede verse en el Glosario de la obra “Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal”, editada por Stanley Horton. Esta es, probablemente, la única teología sistemática presentada desde un punto de vista arminiano que existe en español. En la entrada del glosario correspondiente a la palabra arminianismo, la obra dice lo siguiente:

“Jacobo Arminio (1560-1609) enseñó en la “Remonstranza” (1610) que todos los que quieran creer en Cristo son elegidos eternamente por Dios; que Cristo murió por todos, que cada creyente es regenerado por el Espíritu Santo, y que es posible caer de la gracia y perderse eternamente”.[2]

De todo lo que se afirma en esta corta cita, ¡hay al menos tres cosas que no son ciertas! Arminio no presentó la Remonstrancia, Arminio no creía en la elección de la manera que aquí se retrata y, peor aún, ¡Arminio jamás tomó una decisión formal sobre la posibilidad de apostasía en un creyente regenerado! Todas estas ideas son, a menudo, mal entendidas o hasta desconocidas y tergiversadas por quienes afirman ser seguidores de su doctrina.

Esta es, pues, la primera razón por la que alguien que se considera arminiano debe leer a Arminio.

  • Arminio no solo combatió el calvinismo rígido.

Usualmente, existe en el imaginario popular evangélico la idea reduccionista de que Jacobo Arminio fue el teólogo que se opuso al calvinismo. Nada más. Sin embargo, probablemente hay, en la obra de Arminio que está por publicarse, más en defensa del protestantismo y en contra del romanismo, que lo que hay de refutación al calvinismo.

Arminio no fue un paladín del cisma, dispuesto a todo dar a dividir la iglesia reformada. Por el contrario, Arminio muestra un profundo deseo por la unidad de sus hermanos protestantes contra la amenaza del romanismo. Esto puede entenderse, claro está, a la luz del contexto de guerras religiosas que vivieron los Países Bajos para la época del nacimiento y juventud del brillante teólogo.

Así, una de las razones cruciales por las que un adherente (al menos nominal) de la teología arminiana debería leer la Declaración de Creencias y Disputas Públicas de Arminio, es precisamente porque necesitamos aprender mucho de ese espíritu de unidad y abnegación que sus palabras dejan sentir. En una era en la que la verdad evangélica y bíblica está siendo cada vez más cuestionada por doctrinas contrarias a la ortodoxia protestante, se vuelve más necesario que nunca que, a pesar de nuestras diferencias, el tenor del diálogo soteriológico entre calvinistas y arminianos sea uno de debate entre hermanos, y no de combate entre enemigos declarados. La lectura de esta obra puede, sin duda alguna, contribuir a esto.

  • Necesitamos conocer nuestras raíces.

Si se le preguntase a la totalidad de la población hispanohablante que se considera a sí misma arminiana sobre si han leído a Arminio, a Episcopio o la Confesión de Fe Remonstrante de 1621, probablemente pocos, o ninguno de los encuestados, responderían afirmativamente. Esto se debe, tal vez, a la ausencia de ese material en nuestro idioma (cosa que, con todo mi corazón, espero que cambie). Pero aún así esto no nos exime de una terrible brecha teológica existente entre nosotros y nuestros padres en la fe. El arminianismo está tan débilmente sustentado y tan fuertemente tergiversado en América Latina no solo a causa de sus detractores y de aquellos que lo caricaturizan. También lo está por nuestra ignorancia sobre las fuentes y las bases teológicas de quienes nos precedieron en este debate.

Arminio fue un hombre culto, letrado, con experiencia en el ministerio y en el profesorado. Su obra es, pues, más que una mera declaración de valor trivial. Es un volumen relevante, de peso académico considerable aún hoy, siglos después de que Nuestro Señor llamó al teólogo neerlandés a Su presencia.

Es por eso que me atrevo a decir que, sea cual sea la circunstancia, es menester que, en la medida de lo posible, todo estudiante de la Biblia, ministro o seminarista que adhiera a la teología arminiana o afirme hacerlo, lea la obra de Arminio, al menos en este primer volumen en español que está por publicarse.

Conclusión.

Una vez escuché un podcast sobre Arminio titulado: “Natalicio de un teólogo mal entendido”. Nada más cierto que eso. Pero no solo fue mal entendido por sus enemigos; también, desdichadamente, lo es hoy por quienes afirman ser sus amigos.

Querido lector: te aliento sinceramente a que puedas leer, una vez se publique, tu teología de primera mano. De la mano de aquel que la sistematizó por primera vez, y de quien deriva su nombre. Pero, sobre todas las cosas, recuerda contrastar todo lo que se diga, todo lo que creas y todo lo que te hayan enseñado, con el espejo de la bendita Palabra de Dios. Solo en ella, inspirada por el infalible Espíritu de Dios, hay firmeza para toda doctrina.


[1] Cuando hablo de “arminianos”, entre comillas, me refiero a quienes se consideran arminianos, pero que tras un análisis extensivo de sus creencias vendrían siendo más bien pelagianos, o semipelagianos. La distinción es crucial. Mientras que el arminianismo está dentro del amplio espectro de la ortodoxia protestante por creer en doctrinas fundamentales como la depravación total del ser humano y absoluta necesidad de la gracia, los sistemas conocidos hoy como pelagianismo y semipelagianismo están fuera no solo de la recta fe de la reforma, sino lejos del mismísimo cristianismo.

[2] Horton, Stanley, Ed.; Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (Editorial Vida; 1996. Edición ampliada); pág. 644.

3 comentarios sobre “Tres razones por las que deberías leer a Arminio – Parte I: Si te consideras arminiano — Jorge De Sousa.

  1. Dios te bendiga mi hermano Jorge.

    Tienes mucha razón en que muchos en el cristianismo y pentecostalismo no conocen realmente los escritos de Arminio y lo que realmente enseño, así como el no combatir las enseñanzas de calvino sino del catolicismo romano.

    Espero muy pronto poder leer la parte II y III que publicarse próximamente.

    Dios te siga dando entendiendo en todo mi estimado hermano. Gracia y paz de Cristo.

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