A – A todos Expiación

[Ver Artículo 2 de los 5 Artículos de la Remonstrancia]

Como es evidente, debido a la depravación total, nadie puede ser salvo a menos que Dios tome la iniciativa en la salvación. La buena noticia es que, dado que “Dios es amor” (1ª Jn 4: 8, 16), “sus misericordias [son] sobre todas sus obras” (Sal 145: 14), él ama incluso a sus enemigos (Mt 5: 38-43), también “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2: 4), “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2ª Pe 3: 9), y él no se complace en la muerte de los impíos, sino que prefiere que se arrepientan de sus pecados y vivan (Ez 18:23, 33), Él ha tomado la iniciativa en la obra de salvación enviando a su único Hijo a morir por los pecados de todo el mundo. Como Juan 3: 16-18 nos dice tan bellamente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Dios ha provisto el perdón de los pecados y la salvación de cada persona por medio de la muerte de Jesucristo en nombre de toda la humanidad. De hecho, por la gracia de Dios, Jesús gustó la muerte por todos (Heb 2: 9). Como dice 1ª Juan 2: 2 “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo“. Más adelante de 1ª Timoteo 2: 4 citado anteriormente, “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.”, los siguientes versículos de 1 Timoteo continúan: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1ª Tim 2: 5-6). De hecho, “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19:10), “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1ª Tim 1: 15), “el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.”(1ª Jn 4:14; Jn 4:42), Dios es “el Salvador de todos los hombres” (1ª Tim 4:10), Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), quien “murió por los impíos” (Ro 5: 6), y “murió por todos” (2ª Co 5: 14-15) cuando “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Co 5:19). Jesús incluso murió por aquellos que rechazan su palabra, lo niegan y perecen (Lc 22: 17-21; Jn 12: 46-48; Rom 14:15; 1ª Co 8:11; 2 Pe 2: 1; Heb 10:29). La provisión de la expiación se ha hecho para todos los que están en pecado, para todo el mundo. (Rom 3: 22-25; 5:18).

Pero a pesar de que Jesús murió por todos y ha provisto la expiación para todos, la intención de la expiación provista fue que su aplicación real (que otorga el perdón de los pecados, la justificación ante Dios y la salvación) está condicionada a la fe en Jesucristo. Esto se afirma bastante claramente en Juan 3: 16-18 citado anteriormente. Por amor, Dios sacrificó a su único Hijo por el mundo para que aquellos del mundo que crean en Jesús y en su sacrificio expiatorio se beneficien de ese sacrificio expiatorio y sean salvos, mientras que los del mundo que rechazan ese sacrificio expiatorio en la incredulidad no se beneficiarán de ella, sino permanecerán condenados y perecerán (otros pasajes que dejan en claro que la fe es la condición y el medio por el cual se recibe el perdón, la vida eterna y la salvación, por ejemplo: Lc 8:12; Jn 1: 12; 3:36; 5:24; 6:40, 47; 20:31; Hch 16:31; Rom 1:16; capítulos 3–4; 10: 9-10; 1ª Co 1:21; Gál 2 : 16; cap. 3; Ef 2: 8-9; 1ª Tim 1:16).

Dado que la expiación fue provista para todos, al hacer que la salvación esté disponible para todos, las Escrituras a veces presentan la justificación potencialmente para todas las personas (Rom 3: 22-25; 5:18), pero no todos serán salvados en última instancia. Aunque Dios desea que todos crean y se salven por la sangre de Cristo, muchos perecerán, no por falta de oportunidad de salvación, sino porque rechazan la provisión de la salvación hecha por ellos en la muerte de Cristo, ya que no han “creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:18). De manera similar, las referencias de las Escrituras a Dios o al Cristo como el Salvador de todo el mundo (Jn 4:42; 1ª Tim 4:10; 1ª Jn 4:14) no significan que todos realmente serán salvos, ya que la salvación que el Padre y El Hijo han provisto sólo es efectiva en los que creen. Como lo dice 1ª Timoteo 4:10, “esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen“. También Tito 2:11 anima a los creyentes a presentar un buen testimonio de Cristo al mundo incrédulo con esta razón: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”. De hecho, es la expiación ilimitada de Cristo la que sirve como fundamento necesario de la oferta genuina de la salvación ofrecida a todos en el evangelio y está concuerda con el mandato de predicar el evangelio a todos. Por ejemplo, al dirigirse a una audiencia judía general, el apóstol Pedro basó un llamado al arrepentimiento en la obra de Cristo e insinuó que la obra era para todos en su audiencia cuando les aseguró que Dios envió a Cristo para que los salvara de sus pecados: “Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado… A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.” (Hch 3:18-21; 26)

Como Lc 24: 45-47 señala: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (véase también Mt 28: 18-20; Hch 17:30).

[Post original en el blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/the-facts-of-salvation-a-summary-of-arminian-theologythe-biblical-doctrines-of-grace/)].

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