F – Facultados para Creer

[Ver Artículos 3 y 4 de los 5 Artículos de la Remonstracia]

Debido a que los seres humanos son caídos y pecadores, no pueden pensar, querer, ni hacer nada bueno por sí mismos; ni incluso creer en el evangelio de Cristo. Por lo tanto, deseando la salvación de todos y ofreciendo la expiación por todas las personas (ver la Expiación Ilimitada [A del FACTS]), Dios continúa tomando la iniciativa con el propósito de llevar a todas las personas a la salvación, llamando a todas las personas al arrepentimiento y a creer en el evangelio (Hch 17:30; véase Mt 28: 18-20); al permitir que aquellos que escuchan el evangelio respondan positivamente en fe. Sin la ayuda de la Gracia, el hombre ni siquiera puede elegir agradar a Dios o creer en la promesa de la salvación del Evangelio. Como dijo Jesús en Jn 6:44 “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” Pero gracias a Dios, Jesús también prometió: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32). Por lo tanto, el Padre y el Hijo atraen a todas las personas a Jesús, permitiéndoles venir a Jesús con fe.

Aunque las personas pecaminosas están ciegas a la verdad del evangelio (2ª Co 4: 4), Jesús vino al mundo pecaminoso como “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (Jn 1: 9; ver 12:36), la luz de la cual Juan el Bautista vino para dar testimonio, “para que todos creyeran por él” (Jn 1: 7).

Así que encontramos a Jesús hablando a personas que no estaban dispuestas a creer en él para que pudieran ser salvas (Jn 5:34, 40) y exhortando a los incrédulos: “Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.” (Jn 12: 35-36). En efecto, Dios brilló en los corazones de sus apóstoles “para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2ª Co 4: 6), y el apóstol Pablo recibió la gracia “de predicar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio oculto por siglos en Dios que creó todas las cosas” (Ef 3: 8-9). Esto se refiere al evangelio de la gracia de Dios, que “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Rom 1:16), y lo hace posible, por el poder del Espíritu Santo, para que aquellos que escuchen crean, cómo dice la Escritura: “La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón” (es decir, la palabra de fe que predicamos); [nótese que Pablo está aplicando Dt 30:12, que indica la capacidad de obedecer la palabra de Dios, al mensaje del evangelio, ¡indicando que aquellos que escuchan el evangelio tienen la capacidad de creerlo!] Porque si confiesas con la boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Porque las Escrituras dicen, Todo el que cree en él no será avergonzado. Porque no hay distinción entre judío y griego; el mismo Señor es Señor de todos, otorgando sus riquezas a todos los que lo invocan. Porque todo el que invocare el nombre del Señor será salvo” (Rom 10: 8-13).

Además, “la fe viene por oír, y el oír por la palabra de Dios” (Rom 10:17), aunque no causa necesariamente la fe, ya que “no todos han obedecido el evangelio” (Rom 10, 16) a pesar de que lo escuchen (Rom 10:18). Dios ofrece su maravillosa gracia salvadora en su Hijo a los pecadores, pero les permite elegir si lo aceptarán o rechazarán. Por lo tanto, en el caso de Israel, el Dios que ama a todos y trabaja por la salvación de todos dice: “Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.” (Rom 10:21).

Continuando con la misión de Jesús de salvar al mundo, el Espíritu Santo ha venido para “convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16: 8). Aunque los incrédulos “están oscurecidos en su entendimiento, alejados de la vida de Dios debido a la ignorancia que hay en ellos, por la su dureza de corazón” (Ef 4:18), el Señor abre los corazones de las personas para responder positivamente al mensaje del evangelio (Hch 16:14) y su bondad lleva a aquellos con corazones duros e impenitentes hacia el arrepentimiento (Rom 2: 4- 5). En su soberanía, Él incluso ha posicionado a las personas para el propósito “de buscar a Dios, si tal vez pudieran buscarlo a tientas y encontrarlo, aunque no está lejos de cada uno de nosotros” (Hch 17:27). En resumen, Dios llama a todas las personas de todo el mundo a arrepentirse y a creer en el Evangelio, permite que aquellos que escuchan el evangelio respondan positivamente en fe mientras atrae a todas las personas hacia la fe en Jesús, traspasa la oscuridad de sus corazones y mentes con el brillo de su luz, ilumina sus mentes, comunica su asombroso poder con el evangelio que incita a la fe, los atrae con su bondad, los convence por su Espíritu, abre sus corazones para escuchar su evangelio, y los posiciona para buscarlo, ya que está cerca de cada uno.

Todo esto es lo que se conoce en el lenguaje teológico tradicional como la gracia preveniente de Dios. El término “preveniente” simplemente significa “preceder”. “gracia preveniente” se refiere a la gracia de Dios que precede a la salvación, incluida la parte de la salvación conocida como regeneración, que es el comienzo de la vida espiritual eterna concedida a todos los que confían en Cristo (Jn 1: 12-13). La gracia preveniente a veces también se llama gracia habilitante o gracia pre-regeneradora. Este es el favor inmerecido de Dios hacia personas totalmente depravadas, que son indignas de la salvación de Dios e incapaces de buscar a Dios y confiar en Él por sí mismas. En consecuencia, Hch 18:27 indica que creemos mediante la gracia, colocando la gracia de manera preveniente (es decir, lógicamente anterior) a la fe como el medio por el cual creemos. Es la gracia que, entre otras cosas, libera nuestra voluntad para creer en Cristo y su evangelio. Como dice Tito 2:11, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, para salvación a todos los hombres”.

Hablamos de la voluntad del hombre de ser libre por gracia para enfatizar que las personas no tienen una voluntad propia y natural cuando se trata de creer en Jesús, sino que Dios debe tomar medidas para liberar nuestras voluntades para poder creer en su Hijo a quien envió para la salvación de todos. Cuando nuestra voluntad es liberada, podemos aceptar la gracia salvadora de Dios con fe o rechazarla para nuestra propia ruina. En otras palabras, la gracia salvadora de Dios es resistible, lo que quiere decir que dispensa su llamado, su atracción y su gracia (que nos llevaría a la salvación si se responde con fe) de tal manera que podemos rechazarla. Nos hace libres para creer en Jesús y libres para rechazarlo. La resistencia a la Gracia salvadora de Dios se muestra claramente en las Escrituras, como lo atestiguan algunos de los pasajes ya mencionados. En efecto, la Biblia está llena de ejemplos de personas que despreciaron la gracia de Dios que se les ofreció. En Isaías 5: 1-7, se enseña que el Señor hizo todo lo necesario para que Israel produjera fruto, sin resultado, por la mala voluntad de Israel. Si la gracia fuese irresistible, entonces él Señor podría haber hecho, fácilmente e infaliblemente, dar a Israel buenos frutos.

Muchos pasajes en el Antiguo Testamento hablan acerca de cómo Dios extendió su gracia a Israel una y otra vez, pero repetidamente se resistieron y lo rechazaron (por ejemplo, 2ª Re 17: 7-23; Jer 25: 3-11; 26: 1-9; 35: 1-19). 2ª Crónicas 36: 15-16 mencionan que el persistente llamado de Dios hacia su pueblo, que fue rechazado, fue motivado por la compasión hacia ellos. Pero esto solo podría ser si la gracia que él les extendió les permitía arrepentirse y evitar su juicio, pero fue resistible ya que de hecho resistieron y sufrieron el juicio de Dios.

Nehemías 9 presenta un ejemplo sorprendente del testimonio del Antiguo Testamento de que Dios continuamente se acercó a Israel con su Gracia, pero encontró resistencia y rechazo. No tenemos espacio para revisar todo el pasaje (pero se anima al lector a hacerlo), pero citaré algunos elementos claves y llamaré la atención sobre algunos puntos importantes. Nehemías 9: 20a dice: “Tú [Dios] diste tu buen Espíritu para instruirlos [a Israel]” y es seguido por un extenso catálogo de acciones divinas misericordiosas hacia Israel en los vv. 9: 20b-25. Entonces en 9: 26-31 dice:

Sin embargo, fueron desobedientes y se rebelaron contra ti y echaron tu ley a sus espaldas y mataron a tus profetas, que les habían advertido para convertirlos a ti, y cometieron grandes abominaciones. Por eso los entregaste en mano de sus enemigos, que los hicieron sufrir. Y en el tiempo de su sufrimiento te clamaron y los oíste desde el cielo, y de acuerdo a tus grandes misericordias, les diste salvadores que los salvaron de la mano de sus enemigos. Pero después que tuvieron reposo, hicieron lo malo otra vez delante de ti, y tú los abandonaste en manos de sus enemigos, y se enseñorearon de ellos. Sin embargo, cuando se volvieron y clamaron a ti, escuchaste del cielo, y muchas veces los liberaste según tus misericordias. Y les amonestaste a que se volviesen a tu ley. Sin embargo, actuaron presuntuosamente y no obedecieron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, las cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá, y se volvieron obstinados, endurecieron su cerviz y no obedecieron. Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon, Por lo cual los entregaste en manos de los pueblos de la tierra. Sin embargo, en tus grandes misericordias no los consumiste ni los desamparaste, porque eres un Dios clemente y misericordioso.

El texto afirma que Dios envió su Espíritu para instruir a Israel (9: 20a) y que Dios envió a sus profetas y advirtió a Israel con el propósito de convertirlos a Él. Dios se propuso volver a Israel a su Ley, sin embargo, ellos se rebelaron. Esto muestra que Dios permite a veces que su propósito no se cumpla porque permite a los seres humanos elegir entre rendirse a su gracia o no. Curiosamente, la palabra traducida “soportaste” en Neh 9:30 usa una palabra hebrea que generalmente significa algo así como “atraer, arrastrar, tirar” y se traduce en la traducción griega del Antiguo Testamento usada por la iglesia primitiva con la misma palabra usada en Juan 6: 44a (“Nadie puede venir a mí a menos que el Padre que me envió no lo trajere”). Una mejor traducción de Neh 9:30 sería: “Muchos años los atrajo y les advirtió por medio de su Espíritu a través de sus profetas. Sin embargo, no le prestaron atención.” El texto habla de una atracción divina resistible que busca llevar a las personas al Señor en arrepentimiento.

Esteban también proporcionó un buen ejemplo de la resistencia de la gracia cuando les dijo a sus hermanos judíos “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis” (Hch 7: 51-53). También Lucas 7:30 nos dice que “Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos” el Señor predicó a las personas con el deseo de salvar sus almas (Jn 5:34), pero la mayoría se negó a venir a Él para tener vida (Jn 5:40), y quién vino a convertir a cada judío de su pecado (Hch 3:26), claramente comprobó que no todos los judíos creían en Él, por lo cual se lamentaba por la falta de voluntad de su pueblo para recibir su Gracia, diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! “(Lc 13:34; ver también Ez 24:13; Mt 23:37; Ro 2: 4-5; Zac 7: 11-14; Heb 10:29; 12:15; Jud 4; 2 Co 6: 1-2; Sal 78: 40-42).

Los Arminianos difieren entre ellos sobre algunos de los detalles de cómo funciona la gracia preveniente de Dios, probablemente porque la Escritura misma no da una descripción detallada. Algunos Arminianos creen que Dios permite continuamente a todas las personas creer en todo momento como un beneficio de la expiación. Otros creen que Dios solo otorga la capacidad de creer en Cristo a la humanidad en momentos determinados de acuerdo con su misericordia y sabiduría. Otros creen que la gracia preveniente generalmente acompaña a cualquiera de los movimientos específicos de Dios hacia las personas, haciéndolas capaces de responder positivamente a los movimientos que Dios quiere que hagan. Pero todos los Arminianos están de acuerdo en que las personas son incapaces de creer en Jesús aparte de la intervención de la gracia de Dios y que Dios otorga su gracia, que los atrae hacia la salvación, a todas las personas haciéndolas moralmente responsables.

Con respecto al evangelio, el obispo Arminiano del siglo diecisiete, Laurence Womack, bien dijo, “sobre todos aquellos a quienes se predica la palabra de fe, el Espíritu Santo otorga, o está listo para otorgar, tanta gracia como sea suficiente, para traerlos a su conversión”.

El concepto de “libre albedrío liberado” plantea una cuestión más amplia acerca de si los seres humanos tienen libre albedrío en general, que es aparte del ámbito de agradar al Señor y hacer el bien espiritual (nuevamente, las personas no son libres en esta área a menos que Dios les dé poder). La respuesta Arminiana es sí. La gente tiene libre albedrío en todo tipo de cosas. Con esto queremos decir que cuando las personas son libres con respecto a una acción, entonces al menos pueden hacer la acción o abstenerse de hacerlo. Las personas a menudo tienen elecciones genuinas y, por lo tanto, pueden hacer elecciones de manera correspondiente.

Es libre, la elección específica que alguien hace, no ha sido predeterminada ni impuesta por ninguna persona que no sea la persona misma. De hecho, si la acción de una persona se ha vuelto necesaria por otra persona, y la persona no puede evitar hacer la acción, entonces él no tiene otra opción en el asunto y no es libre en eso. Y si él no tiene otra opción, tampoco se puede decir correctamente que él elija. Pero las Escrituras indican muy claramente que las personas tienen opciones y toman decisiones sobre muchas cosas (por ejemplo, Dt 23:16; 30:19; Jos 24:15; 2ª Sam 24:12; 1ª Re 18:23, 25; 1ª Cr 21; 10; Hch 15:22, 25; Fil 1:22). Además, explícitamente se habla del libre albedrío humano (Ex 35:29, 36: 3, Lev 7:16, 22:18, 21, 23, 23:38, Nm 15: 3, 29:39, Dt 12: 6, 17; 16:10; 2ª Cr 31:14; 35:8; Esd 1: 4, 6; 3: 5; 7:16; 8:28; Sal 119: 108; Ez 46:12; Am 4: 5; 2ª Co 8: 3; Flm 1:14; ver 1ª Co 7:37) y atestigua que los seres humanos violan la voluntad de Dios, mostrando que él no predetermina su voluntad o acciones en el pecado. Además, el hecho de que Dios responsabiliza a las personas por sus elecciones y acciones implica que esas elecciones y acciones fueron libres. Sin embargo, es importante tener en cuenta que los Arminianos no creen en el libre albedrío ilimitado. Hay muchas cosas en las que no somos libres. No podemos elegir volar con nuestros brazos, por ejemplo. Tampoco negamos que nuestras acciones libres estén influenciadas por todo tipo de causas. Pero cuando somos libres, esas causas son resistibles y tenemos una elección genuina en lo que hacemos y no estamos obligados a actuar de cierta manera por Dios o por cualquier persona o cosa que no sea nosotros mismos.

Finalmente, el concepto de libre albedrío liberado también implica que Dios tiene libre voluntad absoluta. Porque es Dios quien sobrenaturalmente libera la voluntad de los pecadores por su Gracia para creer en Cristo, lo cual es una cuestión de la propia voluntad y soberanía de Dios. Dios es omnipotente y soberano, tiene el poder y la autoridad para hacer todo lo que quiere y no está restringido en sus propias acciones y voluntad por nada fuera de sí mismo y por su propio juicio (Ge 18:14, Ex 3:14, Job 41:11; Sal 50: 10-12; Is 40: 13-14; Jer 32:17, 27; Mt 19:26; Lc 1:37; Hch 17: 24-25; Rom 11: 34-36; Ef 3:20; 2ª Co 6:18; Ap 1: 8; 4:11).

Nada puede suceder a menos que Él lo haga o lo permita. Él es el Dios Todopoderoso y Creador del universo a quien le debemos todo el amor, la adoración, la gloria, el honor, las gracias, la alabanza y la obediencia. Por lo tanto, es bueno para nosotros recordar que detrás de la voluntad humana liberada está el que libera la voluntad, y que esto es solo por su Gracia gloriosa, libre y soberana, totalmente inmerecida de parte nuestra, y que nos ha sido proporcionada por el amor y misericordia de Dios. ¡Alabado sea su santo nombre!

[Post original en el blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/the-facts-of-salvation-a-summary-of-arminian-theologythe-biblical-doctrines-of-grace/)].

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