S – Seguridad en Cristo

[Ver Artículo 5 de los 5 Artículos de la Remonstrancia]

Básicamente, “Seguridad en Cristo” significa que la salvación de una persona es segura mientras esté en Cristo, es decir, mientras crea y confíe en Cristo y, por lo tanto, permanezca por la fe unido a Cristo. La seguridad de nuestra salvación debe basarse en Cristo, las promesas de su palabra y nuestra relación de fe con él, en lugar de basarse en un misterioso decreto divino mediante el cual se dice que Dios eligió a ciertas personas para salvarlas incondicionalmente. Un decreto divino incondicional que no se puede conocer hasta el final de la vida o del tiempo, y que no proporciona la certeza de la salvación, hace que la seguridad de la salvación no tenga valor para la confianza de los creyentes.

Los Arminianos difieren entre sí en cuanto a la naturaleza más específica de la seguridad de la salvación. Existe la duda de si Arminio mismo creía en la posibilidad de apostasía (una palabra que significa abandonar la fe) para los verdaderos creyentes, o si estaba indeciso sobre el tema.

Pero la mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que Arminio creía que los verdaderos creyentes pueden alejarse de la fe en Cristo y, por lo tanto, de la salvación. Por otra parte, los primeros Arminianos, que eran conocidos como los Remonstrantes, los que se pusieron del lado de Arminio en los debates teológicos de la Holanda del siglo XVII, originalmente no estaban decididos sobre si los verdaderos creyentes podían cometer apostasía. Pero finalmente llegaron a la conclusión de que sí podían apostatar.

Tradicionalmente, los Arminianos han creído que los verdaderos creyentes pueden abandonar la fe en Cristo y perecer como incrédulos, perdiendo su salvación; la etiqueta teológica Arminiana normalmente incluye esta posición doctrinal. Sin embargo, los hechos de que existe alguna duda sobre la posición de Arminio y la de los primeros Arminianos, junto con la primera declaración confesional de la teología Arminiana, que ellos escribieron, conocida como “Los cinco artículos de la Remonstrancia“, indicaron explícitamente la incertidumbre sobre si la apostasía es posible para los verdaderos creyentes.

Esto sugiere que esta doctrina no es un elemento esencial de la teología Arminiana conceptualmente. Por lo tanto, se pueden clasificar como Arminianos aun los que no están de acuerdo con este punto en disputa, de la doctrina de la salvación. Más, pueden ser considerados como “Arminianos de 4 puntos” o “Arminianos moderados”, sin embargo, Arminianos, no obstante.

Los Arminianos moderados podrían usar la “S” en el FACTS para articular su creencia de que la seguridad en Cristo significa en parte que Dios se asegurará de que los creyentes no abandonen su fe y, por lo tanto, no perezcan como incrédulos. Pero esta descripción de la doctrina Arminiana de seguridad/perseverancia se centrará en la tradicional postura Arminiana de creer en la posibilidad de la apostasía, ya que esta es una posición Arminiana histórica y distintiva, aunque no esencial.

Todos los Arminianos (sin mencionar a los calvinistas tradicionales) están de acuerdo en que la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final. De hecho, la posición de que [La Perseverancia] es innecesaria (sostenida por los que a veces se llaman “Calvinistas Moderados”) fue virtualmente inexistente hasta el siglo veinte. ¡Quizás tan impactante es, que la posición que está de acuerdo en que la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final, pero sostiene que es imposible que los verdaderos creyentes se aparten de su fe, no existe en ninguna de las escrituras cristianas y no fue hasta unos 1500 años en la historia de la iglesia que apareció! Si bien estas consideraciones históricas no son decisivas en materia teológica, ofrecen una fuerte precaución a quienes sostienen estas posiciones más novedosas y pesan a favor de la posición Arminiana tradicional.

El hecho de que la salvación esté condicionada a la fe (ver “Expiación Ilimitada” y “Elección condicional”) y que la condenación está en parte condicionada a la incredulidad (Jn 3:16- 18, 36) implica que continuar en la fe es necesario para la salvación final. En pocas palabras, los creyentes serán salvos, pero los incrédulos perecerán. Si alguien pasa de ser un incrédulo a ser un creyente, entonces será salvo, y si alguien pasa de ser un creyente a ser un incrédulo, entonces estará perdido. Vemos este tipo de idea con bastante claridad en Ezequiel 33: 13-19:

Cuando yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo. Y cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente. Luego dirán los hijos de tu pueblo: no es recto el camino del Señor; el camino de ellos es el que no es recto. Cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello. Cuando el impío se apartare de su  impiedad, e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello” (Compare el principio similar con respecto a las naciones en Jer 18: 7-11.)

O como dice Deuteronomio 29: 18-20 sobre las tribus:

Asegúrense de que ningún hombre ni mujer, ni clan ni tribu entre ustedes, aparte hoy su corazón del Señor nuestro Dios para ir a adorar a los dioses de esas naciones. Tengan cuidado de que ninguno de ustedes sea como una raíz venenosa y amarga. Si alguno de ustedes, al oír las palabras de este juramento, se cree bueno y piensa: “Todo me saldrá bien, aunque persista yo en hacer lo que me plazca”, provocará la ruina de todos. El Señor no lo perdonará. La ira y el celo de Dios arderán contra ese hombre. Todas las maldiciones escritas en este libro caerán sobre él, y el Señor hará que desaparezca hasta el último de sus descendientes.” (NIV)

La palabra profética registrada en 2ª Cr 15:2 establece el principio de esta manera: “Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará

En el Nuevo Testamento, una clase similar de principio se aplica a la fe en Cristo y a la salvación. 2ª Timoteo 2:12 dice claramente: “si resistimos, también reinaremos con él (con Cristo). Si lo negamos, también él nos negará” (NVI). Y en cuanto a la persecución y el engaño espiritual que vendrían, Jesús declara que “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). De hecho, una de las principales preocupaciones del Señor en el Discurso de los Olivos, es advertir a sus seguidores que deben ser atentos y vigilantes para perseverar fieles a Jesús a pesar de las diversas presiones o tentaciones de desviarse, para que no sean excluidos de su reino y de su salvación (Mt 24: 4, 13, 23-24, 26, 42-51; 25: 1- 13, 26-30). Hay muchas advertencias de este tipo en el Nuevo Testamento, que atestiguan la posibilidad de la apostasía, ya que no tiene sentido advertir contra las imposibilidades. (La postura de que la apostasía es imposible y que las advertencias garantizan que los verdaderos creyentes obedecerán las advertencias, es insostenible, porque se supone que el creyente debe saber que está siendo advertido contra hacer algo que no puede hacer, y la consecuencia de creer que nunca, en un posible caso debido a su rechazo a las advertencias, experimentará la apostasía, anula la motivación para obedecer las advertencias.)

Hay pasajes bíblicos que pueden sonar como si garantizarán la salvación incondicional en los creyentes, de modo que algunos asumen, que Dios se asegurará de que los creyentes no se aparten de la fe. Pero la idea de que los creyentes pueden abandonar su fe y perder la salvación es una preocupación generalizada en el Nuevo Testamento, que se ve en numerosos pasajes, ya sea directa o indirectamente. Por lo tanto, los pasajes que pueden parecer enseñando una salvación incondicional, porque no establecen explícitamente una condición, se entienden mejor cuando se asume la condición de la perseverancia en la fe y la posibilidad de abandonar la fe en lugar de asumir que Dios no permitirá que el creyente deje de creer. Los pasajes que se refieren directamente a la apostasía, aquellos que indican condicionalidad o incertidumbre con respecto al logro de la salvación final por parte de los creyentes actuales, y aquellos que advierten a los creyentes de que puede que no vuelvan a Cristo y perezcan, manifiestan la posibilidad de que los verdaderos creyentes pueden apostatar de su fe.

En Marcos 8:38, Jesús advirtió a sus discípulos: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. En otra parte, les advirtió: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mt 5:13). Y en Mt 6:15, Jesús advierte, “mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas“. El significado de esa advertencia se ilustra vívidamente en la parábola del siervo malvado, en el cual un rey perdona a su siervo, pero luego retira ese perdón porque el siervo no perdonó a su compañero. La conclusión de la parábola es sorprendente: “Entonces, llamándolo su señor, le dijo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” Entonces su señor, enojado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” (Mt 18: 32-35). El mensaje es claro: incluso si los pecados de una persona han sido perdonados y, por lo tanto, esa persona es salva, Dios cancelará el perdón de esa persona si no perdona a los demás creyentes, revocando su salvación.

Sin embargo, dado que la salvación y la justificación son por la fe y no por obras, y la fe produce obediencia (Rom 1: 5; 14:23; 16:26; Gál 5: 6; 1ª Ts 1: 3; 2ª Ts 1:11; Heb 11 ; Stgo 2: 14-26), Estos tipos de pasajes no deben ser tomados para indicar que el pecado en sí mismo resulta en la pérdida de la salvación (aunque algunos Arminianos lo creen), ya sea por cualquier pecado o por ciertos pecados graves. Más bien, la negativa continua a arrepentirse del pecado por alguien que ha sido creyente, y continúa profesando ser un creyente, refleja que la persona ya no confía verdaderamente en Cristo como Señor y Salvador; y es el abandono de una fe genuina lo que en realidad conduce al rechazo práctico del señorío de Cristo y a la pérdida de la salvación, aun cuando la persona aparenta profesar la fe en Cristo.

Como lo menciona Pablo en Tito 1:16, hay algunos que “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan”. De hecho, Jesús declaró que el Padre corta a toda persona que no da fruto e instó a sus discípulos a permanecer en él, lo que los llevaría a dar fruto (Jn 15: 1- 6). Aquí tenemos una imagen de alguien que está en Cristo, en un estado de salvación, y luego es sacado de Cristo, es decir, sacado de ese estado de salvación (unión con Cristo) a un estado no salvo.

Como Jesús declara en Jn 15: 6, “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden“, una imagen del juicio final. Ya que la unión con Cristo y la obediencia son por fe (ver “Elección condicional” y las referencias al comienzo de este párrafo), el fracaso en producir frutos revela que la fe ha sido abandonada y el Padre retira al apóstata práctico de la unión con Cristo. Esta es en parte la razón por la que Jesús exhorta a sus discípulos a permanecer en él, lo que básicamente significa seguir confiando en él, lo que sería una exhortación sin sentido si fuera imposible para ellos apostatar.

En su explicación de la parábola del sembrador en el Evangelio de Lucas, Jesús indica que creer conlleva a la salvación (Lc 8:12), pero habla de algunos “que reciben la palabra con alegría cuando la oyen. . . creen por algún tiempo, pero se apartan cuando llega la prueba” (Lc 8:13; NIV). También habla de algunos que producen frutos que no maduran porque “los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida” (Lc 8: 7, 14 NVI). Todas las respuestas infieles a la palabra de Dios en la parábola se contrastan con una respuesta fiel que persevera en la adhesión a la palabra (Lc 8: 15). Claramente, aferrarse a la palabra es implícitamente alabado por la parábola y alejarse de la palabra se condena implícitamente. Sin embargo, si aquellos que se alejan simplemente se alejan de algún tipo de falsa fe, entonces eso no podría presentarse como algo particularmente malo. Pero, la parábola advierte en contra de alejarse de la verdadera fe, e insta a la perseverancia en la misma. Como dijo Jesús a un hombre que prometió seguirlo pero solo después de despedirse de su familia, “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lc 9:62).

En Romanos 8:13, el Apóstol Pablo advirtió a los creyentes: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis“. Más concretamente, en Romanos 11 al dirigirse a los creyentes gentiles y contrastarlos con judíos incrédulos, Pablo les advierte que Dios los separará de su pueblo si no continúan en la fe:

Bien; por su incredulidad (se refiere a los Judíos) fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.” (Rom 11:20-23).

Solo la creencia en la posibilidad de apostasía puede hacer justicia a este texto. La doctrina conocida como “seguridad eterna” o “una vez salvo, siempre salvo”, ya sea presentada como una perseverancia la cual será inevitable, o como si la perseverancia no fuera necesaria, tiene como objetivo convencer al creyente de que no tenga miedo que pueda ser cortado del pueblo de Dios y de su salvación. Pero esto es lo opuesto a la intención de Pablo aquí, donde él expresamente hace un llamado a los creyentes para que teman la posibilidad de ser cortados del pueblo de Dios por la incredulidad.

Pablo mismo temía que los creyentes pudieran abandonar a Cristo y perecer. Le preocupaba que las acciones de algunos creyentes pudieran desviar a otros creyentes y destruirlos (Rom 14: 15, 20-21; 1ª Co 8:9-13; Co 3: 16-17). Incluso notoriamente, advirtió a los Corintios de que podían perecer a causa de la infidelidad, usando el ejemplo de Israel (1ª Co 10: 1-13) finalmente declarando: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (10:12). Él ya había advertido: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1ª Co 6: 9-10) Luego le dijo a los corintios: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1ª Co 15: 1-2). Más  tarde, cuando cayeron bajo la influencia de falsos maestros (referidos, por ejemplo, en 2ª Co 11: 1-6, 12-15), les dijo:

Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2ª Co 11: 2-4)

También les instó a “no recibir la gracia de Dios en vano” (2 Co 6: 1), exhortándolos: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados” (2ª Co 13:5-6). Además él también oró por su perfección (2ª Co 13:9).

Uno de los propósitos principales de la epístola de Pablo a los creyentes en Galacia fue persuadirlos de que no se conviertan de Cristo a un falso evangelio. Parece que estaban  en el proceso de hacer esto, y por eso la epístola de Pablo argumenta con urgencia y pasión para rescatarlos de ese camino desastroso. Al comienzo de la epístola, exclama: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gál 1: 6), y esto es un asunto tan serio que Pablo exclama, “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1: 8-9). Pablo estaba profundamente preocupado por las almas de los cristianos gálatas, que les dice fuertemente: “¡oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad. . .?” (Gal 3: 1). La insensatez de ellos consistía en cambiar de la fe a las obras como forma de recibir al Espíritu y pasar a ser pertenencia del pueblo de Dios (Gálatas 3: 2-6), lo que haría que su sufrimiento por la fe fuera en vano (Gálatas 3: 4), ya que perderían su salvación si se mantenían en esa postura. Por lo tanto, les recordó que “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10) y les preguntó: “mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gál 4: 9). También les dice a estos creyentes “Hijitos míos, por quienes  vuelvo  a  sufrir  dolores  de  parto,  hasta  que  Cristo  sea  formado  en   vosotros” (Gálatas 4:19); y declara claramente que él estaba perplejo con respecto a ellos (Gálatas 4:20). Ya que algunos de ellos deseaban estar bajo la ley (Gál 4:21).

En Gal 5: 1-4, Pablo deja perfectamente claro que los verdaderos creyentes (a quienes se abordaron sus palabras) pueden caer de la Fe y de la Gracia, y terminar no beneficiándose de Cristo (es decir, no ser salvados):

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. (Gal 5:1-4).

En el versículo 5: 1, no habría ninguna razón para que Pablo exhortara a los cristianos gálatas a no someterse nuevamente a un yugo de esclavitud, si no fuera posible que lo hicieran. Tampoco tendría sentido en 5:2 que les advirtiera que aceptar la circuncisión haría que Cristo no les sirviera de nada, lo que significaría que no habría para ellos salvación. Sorprendentemente, en 5: 4, Pablo afirma que algunos de los cristianos gálatas se desligaron de Cristo, lo que él describe como haber caído de la Gracia. Es difícil imaginar una expresión concisa más clara de la perdida de la relación salvadora con Cristo, aunque Pablo estaba tratando de ganar a los que estaban apartándose de una salvación por la fe, así como para advertir a los demás que no siguieran ese mismo camino condenado. La situación de la iglesia de los gálatas, en dirección a abrazar un falso evangelio, y algunos de ellos incluso habiéndolo hecho, dejaron a Pablo diciendo: “Vosotros corríais bien, ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama.” (Gál 5: 7-8)

Después de enumerar las obras de la carne (Gál 5: 19-21a), Pablo advierte una vez más a los gálatas: “acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gál 5:21b). Y luego otra vez: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gál 6: 7-9).

Él emitió un tipo de advertencia similar en Ef 5:5-7: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos“. Note que en estos dos últimos pasajes hay una advertencia de no ser engañado sobre este asunto, como si Pablo ya estuviera contrarrestando la enseñanza de que los creyentes no pueden realmente apartarse de su fe y vivir en pecado, o que los creyentes pueden vivir en pecado y aún ser salvos. El hecho mismo de que Pablo advierta a los creyentes contra estas cosas implica que pueden caer en ellas y experimentar las advertidas consecuencias.

La Epístola a los Colosenses también está dirigida a los creyentes que enfrentaban una enseñanza falsa y estaban en peligro de abandonar el verdadero Evangelio. Por lo tanto, Pablo oró por su perseverancia (Col 1:11) y subrayó que su reconciliación actual se  emitiría en la aceptación final “si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído” (Col 1:23; 1ª Tim 2:15). Además, los instó a seguir caminando con Cristo como su Señor (Col 2: 6) y les advirtió: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col. 2: 8).

En cuanto a la Iglesia de los Tesalonicenses, a Pablo le preocupaba mucho que pudieran abandonar su fe debido a la persecución, lo cual no tiene mucho sentido si pensaba que Dios no les permitiría que abandonaran su fe. Como Pablo les dice:

Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano. (1ª Ts 3:1-5).

Más tarde, los exhortó: “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (2ª Ts 2: 15), lo cual sería innecesario si es que no pudieran dejar de mantenerse firmes (ver Ef 6: 10-18).

Pablo advirtió a Timoteo contra los falsos maestros que se habían desviado del “amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1ª Tim 1: 5-6) apartándose a “discusiones vanas” (1ª Tim 1: 6), aparentemente estos hombres habían sido verdaderos creyentes pero se extraviaron. De hecho, Pablo le menciona a Timoteo que al rechazar una buena conciencia, “naufragaron en cuanto a la fe algunos de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1ª Tim 1:19 -20). Pero uno no puede hacer naufragio de su fe si uno nunca tuvo la posiblidad de naufragar. Himeneo y Alejandro son probablemente ejemplos de lo que Pablo relata en 1ª Tim 4: 1-2: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia…”.

Incluso uno de los colaboradores de Pablo, Demas, se apartó del Señor por amor al mundo (2ª Tim 4:10; Col 4:14; Fil 24). Una de las cosas que lleva a los creyentes a abandonar su fe es el amor al dinero: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1ª Tim 6: 9-10). Otra causa de la apostasía que Pablo le mencionó a Timoteo es el conocimiento falso (1ª Tim 6: 20- 21). Incluso tuvo que advertir a Timoteo que se cuidara contra eso: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia, la cual profesándola algunos, se han desviado de la fe” (1ª Tim 6: 20-21 LBLA). De hecho, se le dice a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado“(1ª Timoteo 6:12) y él también debía instruir a los creyentes ricos a ser generosos con su dinero “atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1ª Tim 6: 18-19).

Incluso Timoteo necesitaba ser exhortado, a él se le dice “persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste” (2ª Tim 3:14) y “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1ª Tim 4:16). En ese sentido, Pablo no solo aconsejó a los corintios que ejercieran un enfoque total y una gran autodisciplina en la búsqueda de la vida eterna, sino que también habló de su necesidad de lo mismo para que él mismo no fuera descalificado de la vida eterna: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1ª Cor 9:24-27).

El propósito principal del libro de Hebreos es alentar a su audiencia de creyentes a no abandonar su fe en Cristo, sino a perseverar en él. Las advertencias contra la apostasía impregnan el libro (2: 1-4; 3: 7-4: 13; 5: 11-6: 12; 10: 19-39; 12: 1-29). Aquí hay algunos versos representativos:

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Heb 2:1-3a)

La cual casa [de Dios] somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.” (Heb 3:6b)

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: ‘Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación’ ” (Heb 3:12-15).

Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Heb 4:11; caer aquí se refiere en el contexto a caer bajo el juicio fatal de Dios debido a la incredulidad; ver 3: 16- 4: 3).

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión“. (Heb 4:14)

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.” (Heb 6: 4-6)

Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” (Heb 6:11-12)

Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.” (Heb 6:17-18)

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.” (Heb 10:23)

“¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. ‘Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.’ Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” (Heb 10:29-39; tenga en cuenta que el v. 38 habla de un creyente, que es justo por la fe, y que se aparta de la fe y atrae el disgusto de Dios, y la consecuencia es la perdición, en contraste con la perseverancia en la fe que produce la salvación del alma.)

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” (Heb 12:1-3)

Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado“. (Heb 12:12-13)

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.” (Heb 12:15- 17)

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.” (Heb 12:25)

La Epístola de Santiago también testifica sobre la posibilidad y el peligro de la apostasía en 5:19-20, “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.” (Sgto. 5:19-20). Esta declaración está dirigida a los creyentes (“hermanos”), y considera posible que algunos de ellos puedan desviarse de la verdad, lo que daría lugar a la muerte espiritual del extraviado, a menos que se vuelva al arrepentimiento.

En primer lugar, Pedro 1: 5 da una idea de la naturaleza de la seguridad cristiana en la salvación; que está condicionado a la fe. Porque hablando de nosotros dice “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero“. Por lo tanto, la doctrina bíblica de la seguridad de la salvación se describe mejor como condicional en lugar de incondicional o inevitable.

Cuando el creyente confía en Dios, el Señor guarda su salvación. Pero como hemos visto, si el creyente deja de confiar en el Señor, entonces el Señor revocará su salvación. Por lo cual, Pedro exhorta a su público creyente: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.” (1ª Pe 5: 8-9).

En 2ª Pe 1:5-11, el Apóstol exhorta a su audiencia de creyentes a crecer en virtudes piadosas porque al hacerlo evitarían caer y podrían entrar al reino eterno de Cristo. Es en este contexto que Pedro da la extraordinaria exhortación: “Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás” (2ª Pe 1:10; NVI). La redacción de esta exhortación no es para asegurarnos de nuestro llamamiento y elección, sino para hacer que nuestro llamamiento y elección sean seguros y firmes, que están vinculados a la no caída de la Gracia y se indica que se realizan mediante la práctica de las virtudes cristianas, que ya se mencionaron, que es lo que mantendría a los lectores de Pedro seguros: “Si hacen estas cosas, no caerán jamás” (2ª Pe 1: 10b).

Pedro continúa buena parte de su segunda epístola advirtiendo a su audiencia de falsos maestros y su enseñanza espiritualmente destructiva (2ª Pe capítulos 2-3), que habían abandonado “el camino correcto” y se habían “extraviado” (2ª Pe 2:15). “seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.” (2ª Pe 2: 18b). Eso implica la tentación hacia los creyentes genuinos, que están escapando — aunque sea apenas — de aquellos que viven en un error. Tristemente, Pedro advirtió “Y muchos seguirán sus disoluciones” (2ª Pe 2:2a). La advertencia de Pedro es realmente grave:

Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.” (2ª Pe 2:20-22)

Esta advertencia se refiere a los creyentes que se extravían, ya que habían “escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo” (2ª Pe 2:20; 1: 4, 8).

La Epístola de Judas también se dedica a advertir a los creyentes contra las falsas enseñanzas y los anima a resistirlas y perseverar en la verdad. Después de describir a los falsos maestros y el juicio divino que se les impone, Judas exhorta a su público de creyentes: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.”(Jd 20-21). No habría ninguna razón para advertir y exhortar a los creyentes genuinos a mantenerse en el amor de Dios y esperar la misericordia de Cristo de la vida eterna frente a las falsas enseñanzas si no existiera la posibilidad de que pudieran abandonar el amor de Dios y renunciar a la misericordia de Cristo.

El Libro de la Revelación es otro libro del Nuevo Testamento que exhorta a sus lectores a perseverar en la fe como uno de sus propósitos primarios. Las siete iglesias a las que se dirige el libro estaban bajo presión para renunciar o comprometer su fe a causa de varias tentaciones. Si bien todo el libro tiene esta preocupación (ver, por ejemplo, Ap. 13:10; 14:12), aparece más claramente en las cartas a las siete iglesias en los capítulos 2 y 3. Se exhorta a cada una de las iglesias a ser fieles a Cristo y se les promete la vida eterna (descritas de varias maneras) si son fieles hasta el final. La clara implicación es que no serán salvos si no son fieles a Cristo y que es posible que sean infieles y perezcan.

Por ejemplo, se promete a la iglesia de Éfeso: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” (Ap 2, 7b). La implicación obvia es que el que no venciere (es decir, el que no es fiel a Jesús; Ap 12:11; 15: 2; 1ª Jn 5: 4-5) no se le permitirá comer del árbol de la vida (Es decir, no se le dará vida eterna). Se promete a la iglesia de Esmirna: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. . . El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.” (Ap 2: 10c, 2:11b). La implicación obvia es que al que no es fiel hasta la muerte no se le dará la corona de la vida y al que no venciere se verá afectado por la segunda muerte. De manera similar, se promete a la iglesia de Sardis: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.” (Ap 3: 5). La implicación obvia es que el que no venciere no será vestido con ropas blancas y se borrará del libro de la vida y no será confesado ante el Padre y los ángeles. La referencia sobre los nombres borrados del libro de la vida es especialmente instructiva sobre el asunto de la seguridad de la salvación. Que se borren nombres del libro de la vida implica que esas personas identificadas por esos nombres fueron salvos. Pero el hecho de que fueron borrados del libro indica su eliminación de la salvación y la vida eterna.

La mayoría de las iglesias también están explícitamente amenazadas con el juicio si no son fieles a Cristo. Por ejemplo, Cristo le dijo a la iglesia de Éfeso: “vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” (Ap 2: 5b). Quitar el candelero de una iglesia es una figura de eliminación de su identidad como pueblo de Dios, una transferencia a un estado no salvo.

Más notoriamente, Cristo advirtió a la iglesia de Laodicea, “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Ap 3:16), Lo cual es una advertencia para aquellos que están en Cristo de expulsarlos de Cristo a un estado no salvo.

Cerca del final de Apocalipsis, Jesús emite una grave advertencia: “si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” (Ap 22:19). Esta advertencia parece estar dirigida principalmente a los creyentes, ya que la audiencia original del libro fue de hecho creyente. Probablemente incluye a los incrédulos de una manera secundaria, apoya la elección condicional, la gracia resistible y la expiación ilimitada, porque para que la gente hubiera tenido una participación en el cielo que no se les otorga debe ser, por lo menos, que el cielo estaba genuinamente disponible para ellos a través de una genuina oportunidad de creer y ser salvos. Pero la advertencia fue originalmente para los creyentes principalmente, y esto respalda la seguridad condicional, ya que advierte a aquellos que están destinados al Cielo contra la pérdida de ese destino, “si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía“.

A pesar de toda esta preocupación y advertencia en el Nuevo Testamento con respecto a la apostasía y la pérdida de la salvación, los creyentes tienen buenas razones para una fuerte garantía de la salvación. Antes de explicar por qué, sería útil prestar atención al hecho de que el Nuevo Testamento habla de la salvación en tres tiempos: pasado, presente y futuro. Los creyentes se salvaron en el pasado cuando primero depositaron su confianza en Cristo y vinieron a recibir la salvación que él logró en la cruz (también se puede decir que fuimos salvos cuando Jesús murió y resucitó de la misma manera que un puntaje ganador en un juego deportivo se puede decir que ganó el juego incluso antes de que el juego haya terminado realmente). Así que la Escritura habla de los creyentes como salvados en el pasado (Rom 8:24; Ef 2: 5, 8; 2ª Tim 1: 8-9; Tit 3: 4-7). Pero también habla de los creyentes que se salvan en el presente (1ª Co 1:18; 15: 2; 2ª Co 2:15) o que disfrutan de un estado presente de salvación (Ef 2: 5, 8; la construcción griega en estos versículos indica un estado presente de salvación resultante de la salvación anterior) ya que disfrutamos de numerosas bendiciones espirituales de Dios en el presente, como las que se discutieron en la “Elección condicional” y la santificación, un proceso continuo de crecimiento en Cristo y una conformidad creciente con su imagen (Rom 6: 12-23; 12: 1-2; 2ª Co 3:18; Ef 4: 21-24; Fil 3: 12-14).

Sin embargo, todavía no tenemos estas bendiciones de salvación en su plenitud. Este es el concepto bien conocido de “el ya pero todavía no”, es decir, que ahora tenemos las bendiciones de la salvación de Dios solo parcialmente, pero que las recibiremos en su plenitud cuando Cristo regrese y traiga la culminación del Reino de Dios y nuestro estado eterno. Así, el Nuevo Testamento habla de la salvación futura (Rom 5: 9-10; 6:22; 8:11, 13, 16-19, 23-25; 13:11; Gál 5: 5; Fil 3: 10-11 , 20-21; 1ª Ts 1:10; 5: 9; Heb 9:28; 1ª Pe 1: 5); los creyentes serán salvos completamente y finalmente en el futuro cuando Jesús regrese.

El hecho de que la salvación total y definitiva venga en el futuro ayuda a explicar por qué es necesaria la perseverancia en la fe. El hecho de que también haya una experiencia sustancial, aunque parcial, de la salvación en el pasado y en el presente ayuda a explicar por qué los creyentes pueden tener una fuerte seguridad de la salvación. Primero, podemos tener plena seguridad de la salvación pasada y presente (1ª Jn 5: 13). Si una persona cree, entonces puede saber que se ha salvado y se salva de acuerdo con las muchas promesas en las Escrituras de que Dios salva a los que creen (consulte las numerosas referencias en “Elección condicional”). (Esto presenta un serio problema para la posición de la perseverancia incondicional, que sostiene que los verdaderos creyentes no pueden abandonar a Cristo y, por lo tanto, que los creyentes profesantes que se alejan nunca fueron creyentes verdaderos o salvados en primer lugar. Porque si alguien puede parecer ser un verdadero creyente para sí mismo y para los creyentes que lo rodean, pero luego se aleja y se muestra a sí mismo como que nunca ha sido un verdadero creyente, ¿cómo podríamos saber que somos verdaderos creyentes y no que simplemente exhibimos una fe falsa y en realidad no somos salvos y que algún día lo demostraremos?)

Además, nuestra salvación en el presente trae consigo todo tipo de bendiciones divinas en el presente, que se cumplirán cuando Cristo regrese y, de hecho, se cumplirán mientras el creyente persevere en la fe. Estos alientan y fortalecen grandemente la perseverancia en la fe. De hecho, Dios protege nuestra relación de fe con él de cualquier fuerza externa que nos quiera arrebatar irresistiblemente de Cristo o de nuestra fe (Jn 10: 27-29; Rom 8: 31- 39; 1ª Co 10:13), y él nos preserva en la salvación. Siempre y cuando confiemos en Cristo (1 Pe 1: 3-5 y los muchos pasajes a los que nos hemos referido en este artículo sobre la salvación que está condicionada a la fe).Así como el Espíritu Santo nos dio poder para creer en Cristo (ver “Facultados para creer”), así también nos da poder para seguir creyendo en Cristo (Gál 5: 16-25; Ef 3: 14-21; 1ª Co 10:13). Además, dado que Cristo murió por todos (ver “Expiación Ilimitada”), podemos saber que Cristo murió por nosotros y que Dios es por nosotros y es nuestra salvación (a diferencia de una teología que tiene una elección incondicional, una gracia irresistible, una expiación limitada, lo que lógicamente no le permite a uno saber que es elegido y que Cristo murió por uno, hasta solo después de que uno haya perseverado hasta el final).

Por lo tanto, los creyentes pueden tener una sólida y fuerte seguridad de la salvación, aunque no una seguridad absoluta o incondicional. Si bien algunos pueden encontrar esto preocupante, la falsa seguridad es mucho más preocupante y peligrosa, lo que potencialmente lleva a los creyentes a ignorar lo que es necesario para la perseverancia y, por lo tanto, a caer y perecer. Cuando una persona piensa que el fuego no puede quemarlo, es mucho más probable que juegue con fuego y se queme. Además, rara vez hay seguridad incondicional de algo en la vida, y sin embargo, las personas con frecuencia tienen una gran seguridad a pesar de la ausencia de una garantía incondicional. En la vida cotidiana, las personas con frecuencia tienen una garantía sustancial de beneficios futuros que, sin embargo, están condicionadas a que sigan cumpliendo las condiciones para ese beneficio futuro, como seguir consintiendo en recibirlos. Del mismo modo, los creyentes pueden tener plena seguridad de la salvación pasada y presente, y una seguridad sustancial de la futura salvación final, que depende de que continúen cumpliendo la condición para esa salvación final, a saber, la fe. Y maravillosamente, Dios les promete a los verdaderos creyentes la capacidad de perseverar en la fe y que nada puede apartarlos de él.

Con la salvación presente, tenemos la absoluta seguridad de que Dios nos capacitará para perseverar hasta la salvación final y que Dios es por nosotros. Simplemente no garantiza que irresistiblemente nos hará perseverar. Así como la gracia de Dios es resistible antes de que creamos (ver “Facultados para creer”), también continúa siendo resistible después de que creemos, ¡y siempre maravillosa!

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 24-25).

[Post original en el blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/the-facts-of-salvation-a-summary-of-arminian-theologythe-biblical-doctrines-of-grace/)].

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