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Aclarando malos entendidos acerca de la Elección Corporativa por Brian Abasciano (Parte 3)

III. Corrigiendo malos entendidos y respondiendo a las críticas a la Elección Corporativa

En la sección previa, no fue tanto mi intención argumentar a favor del concepto de la elección corporativa, como explicarla. Un caso positivo ha sido hecho a favor del concepto en muchas ocasiones por mí mismo y otras personas[1]. Es fuertemente defendido por el hecho de que era un concepto común judío y bíblico, sin ninguna evidencia de que en el Nuevo Testamento se haya cambiado su orientación. Muy por el contrario, presenta a Cristo como el verdadero Israel en quien es consumada la elección de Abraham, Isaac, Jacob y el pueblo pactual de Dios, y lo hizo como la simiente de Abraham a quien las promesas pactuales fueron dadas y en quien las promesas son obtenidas tanto para judíos como gentiles que crean. Además, el lenguaje explícito de la elección para salvación es siempre corporativo en el Nuevo Testamento, el cual continúa con el concepto que desarrolló el Antiguo Testamento. Además, el contexto socio-histórico de los autores neotestamentarios fue corporativo en general. Pero habiéndose discutido estos puntos en varias ocasiones, y habiendo ya descrito el concepto bíblico de la elección corporativa para el presente artículo, ahora, con la intención de defender tal concepto, podremos ponernos a considerar cómo este concepto ha sido malentendido y/o criticado. Los malos entendidos identificados abajo pueden ser definidos como malos entendidos de la elección corporativa, puntos erróneos, o argumentos contra la elección corporativa[2]

III.1. Malentendido # 1: La Elección Corporativa excluye individuos

Muchos eruditos han asumido que una noción de una elección corporativa excluye a los individuos de la elección, y por tanto, a fin de contra-argumentar esta perspectiva, buscan demostrar cómo los individuos son obviamente elegidos y beneficiados de las bendiciones del escogido si el grupo al cual pertenecen es electo[3]. Ya hemos invalidado este acercamiento implícitamente con una descripción de la elección corporativa proveída en la sección anterior. Es simplemente mentira que esta perspectiva excluye individuos; incluye individuos, siempre y cuando ellos sean parte del grupo. Esto es, la perspectiva incluye individuos basado en su participación en el grupo/identificación con el representante corporativo[4]. Otra manera de decir esto sería que el grupo es elegido primariamente y los individuos secundariamente. La Elección Corporativa empieza con el individuo que es cabeza corporativa del grupo, y luego sigue con los demás individuos. Pero llega al individuo y le asigna un papel pleno y vigoroso en el contexto del grupo/comunidad.

Es cierto que la elección corporativa no se refiere a la elección de cada individuo separadamente de Cristo o del grupo, pero esto de ninguna manera nulifica la elección de cada individuo como miembro del grupo como resultado de la elección del grupo. Es también cierto que la elección corporativa no se refiere a la decisión de nadie para formar parte del pueblo escogido. El concepto de elección pactual o elección para salvación eterna simplemente no se aplica a la entrada entre el pueblo escogido. Se refiere más bien al pueblo siendo escogido para pertenecer a Dios, para recibir los beneficios de las promesas pactuales o del pacto (idealmente)[5], y vivir de acuerdo a los mandamientos pactuales o del pacto (Gen. 18:19; Deut. 4:20; 7:6-9; 14:2; Salmos 135:4; Efesios 1:4ff.; 1 Pedro 2:9-10). Todo esto se aplica a cada individuo en el Nuevo Pacto como consecuencia de su membresía en el pueblo electo, y más específicamente y profundamente, estando en Cristo por la fe, la cual hace que alguien sea parte del pueblo de Dios.

Este malentendido parece estar detrás de un argumento influyente de John Piper para la elección individual de Romanos 9, basada en la observación de que Pablo está preocupado por la condenación de muchos individuos israelitas dentro del pueblo escogido, esto es, que a pesar de ser parte del pueblo físico escogido, no son realmente elegidos, sino que son excluidos del verdadero pueblo de Dios y la salvación perteneciente a este último[6]. Ahora, hay muchísimos problemas serios con el intento de Piper de presionar esta observación a fin de establecer la elección individualista en este pasaje[7]. Pero el problema que nos concierne ahora, y es por sí mismo fatal a su argumento, es que el concepto bíblico de la elección corporativa abarcaba la inclusión y exclusión de los individuos con respecto al pueblo electo sin extenderse al concepto de la elección misma, de personas formando parte o dejando el cuerpo corporativo y sin cambiar el locus de la elección a individualista. Hablar de individuos formando parte del pueblo electo o siendo excluidos de tal pueblo, ni siquiera sugiere, mucho menos establece, que la elección se refiere a Dios eligiendo individuos para ser parte de Su pueblo cuando esto era una parte natural del concepto el otorgar a individuos un estatus de escogido a individuos como consecuencia de su membresía en el grupo. En otras palabras, Piper atrae la atención al lenguaje que ya era parte de la perspectiva corporativa e intenta establecerla en su propia perspectiva, lo que conlleva a un cambio conceptual significativo para una perspectiva individualista, dejando sin fundamento creíble a su argumento[8].

III.2. Malentendido # 2: La Elección Corporativa no es elección de un pueblo, sino una mera elección de un recipiente vacío[9]

Este malentendido se sigue naturalmente del primero y simplemente no es verdad por varias razones [por lo tanto, no es necesario abordarlo, ya que con leer la refutación del anterior es suficiente].

PARTE 4

[Este post fue tomado del blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/brian-abasciano-clearing-up-misconceptions-about-corporate-election/?fbclid=IwAR2ND_W0U2IZOmyAnwJ-U6qi9X18XC2iWWfyoorYt2qz5Q-jolQw-JgBRV8) donde se encuentra el post original]


[1] See Abasciano, ‘Election’, and the appropriate literature cited there (including esp., Klein, Election); Abasciano, Romans 9.1-9; idem, Paul’s Use of the Old Testament in Romans 9.10-18: An Intertextual and Theological Exegesis (forthcoming in T & T Clark’s two series, Library of New Testament Studies and Studies in Early Judaism and Christianity); B.J. Oropeza, Paul and Apostasy: Eschatology, Perseverance, and Falling Away in the Corinthian Congregation (WUNT 2.115. Tübingen: Mohr Siebeck, 2000), 204-10; Ben Witherington, III, Paul’s Narrative Thought World: The Tapestry of Tragedy and Triumph. (Louisville: Westminster/John Knox Press, 1994), 230-33, 246-49; William G. MacDonald, “The Biblical Doctrine of Election” in Clark H. Pinnock (ed.), The Grace of God and the Will of Man (Minneapolis: Bethany House, 1989), 207-29; Herman Ridderbos, Paul: An Outline of His Theology (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), 341-54; Robert Shank, Elect in the Son (Springfield, MO: Westcott, 1970); cf. I. H. Marshall, “Universal Grace and Atonement in the Pastoral Epistles” in Pinnock (ed.), Grace of God, 51-69 (64-69); C. Müller, Gottes Gerechtigkeit und Gottes Volk: Eine Untersuchung zu Römer 9-11 (FRLANT, 86; Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1964), 75-78.

[2] I will be interacting especially with Thomas Schreiner in this section because he is the advocate of individual election who has most fully addressed the concept of corporate election I am advancing. Cf. Klein’s unpublished response to Schreiner in “Virtual Election?”

[3] Thomas Schreiner’s influential article is a prime example of this misconception, invalidating most of its arguments (“Reflections”); see note 4 above, and my response to Schreiner (Abasciano, “Election”). In his rejoinder, Schreiner continued to mischaracterize the position I have articulated, repeatedly claiming that individuals are not elected in it (“Response,” 376-78, 382-84). See further under misconception # 3 below.

[4] Cf. William W. Klein, “Ephesians” in T. Longman III and D.E. Garland (eds.), EBC Rev., Vol. 12 (Grand Rapids: Zondervan, 2006) 19-173 (48).

[5] En el Antiguo Pacto, las promesas del pacto eran condicionales en que solamente podrían ser poseídas por fe mientras que el pacto generalmente incluía a todos los israelitas, incluyendo a los incrédulos. (Sin embargo, los miembros del pacto que demostraban una persistente incredulidad violando la ley pactual sin arrepentimiento eran excluidos). Pero en el Nuevo Pacto, todos de verdad poseen las promesas porque todos aquellos que están en el Nuevo Pacto tienen fe, ya que uno entra a tal pacto por fe y los creyentes continúan en el pacto solamente si siguen siéndolo (creyentes); si abandonan la fe en Cristo, ellos son excluidos/cortados del pacto.

[6] 18 See Piper, Justification, esp. 64-67.

[7] See my critical assessment of Piper’s argument (Abasciano, Romans 9.1-9, 183-89). Besides the problem discussed below, note that: (1) Piper relies on an unlikely translation of Rom. 9:6b to establish individualism in the passage; (2) even if his unlikely translation is correct, it tells against his case because the verse would be phrased even more corporately; (3) Piper begs the question of whether the individuals Paul is concerned about are viewed individualistically or corporately; (4) Piper begs the question of how the individual and corporate aspects of election relate, but appears to assume a non sequitur—that if the elect status of individuals is in view, then individualistic election must be too (see below).

[8] Por lo tanto, la dependencia de Schreiner de Piper para establecer un referente individualista para un lenguaje singular en Romanos 9 deja su argumento sin base (“Response”, 382). Lo debilita más el hecho de que malinterpreta mi argumento sobre el lenguaje singular (Abasciano, “Election”): Primero declara que yo insist que todos los singulares en Romanos 9 deben ser interpretados corporativamente, cuando de hecho dije casi lo opuesto, que la referencia a los individuos encaja confortablemente en la perspectiva corporativa, pero que hay algunos lenguajes individuales que son mejor interpretados corporativamente (Abasciano, “Election,” 358-59). Segundo, él argumenta que mi perspectiva implica que ningún individuo es elegido por Dios, y entonces intenta derribar este hombre de paja citando la elección individual de los patriarcas (Schreiner, “Response,” 383). Sobre la elección individual de los patriarcas, tocaré el tema más adelante.

[9] For examples of this misconception, see Schreiner, “Response,” 378, 386; Bruce A. Ware, “Divine Election to Salvation: Unconditional, Individual, and Infralapsarian” in Brand (ed.), Perspectives on Election, 43-44, 46; idem, “Response to Pinnock,” 316. In addition to the treatment provided here, see also Klein’s refutation of this misconception (“Virtual Election?” 7-9).

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