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Aclarando malos entendidos acerca de la Elección Corporativa por Brian Abasciano (Parte 5)

III.2.b. El Significado de Efesios 1:4

El malentendido de que una elección primariamente corporativa no implica una elección actual de personas se demuestra en las críticas contra el uso de Efesios 1:4 por los defensores de la Elección Corporativa (“según [Dios] nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”). Se insta a que el texto declare que Dios eligió a las personas («nosotros») en lugar de una categoría o una clase[1]. Sin embargo, como hemos visto, una perspectiva adecuada de la elección corporativa no excluye la elección de los individuos. Simplemente insiste en que la elección de los individuos viene a ellos como parte del pueblo elegido. Cada individuo miembro del pueblo elegido es personalmente elegido, pero solamente como una consecuencia de su membresía en el pueblo escogido, y finalmente, solamente como consecuencia de su identificación con la cabeza corporativa. Esto elimina la objeción que la elección corporativa, no es, de alguna manera, la elección de personas o que no permite que la elección se aplique de manera personal a cada uno de los individuos.

Peter O’Brien presenta este tipo de objeción a una elección primariamente corporativa, señalando que algunas de las bendiciones divinas mencionadas en Efesios 1 “deben ser entendidas como llegando a los creyentes de manera personal e individual”[2]. Por lo que se ha dicho, debería ser más evidente que tales objeciones son erróneas. En el caso de O’Brien, lo lleva incluso a contradecir lo que él reconoce ser el significado de la frase “en Cristo” en 1:3: que las bendiciones del reino celestial que creyentes reciben “no solamente vienen a través de la agencia de Cristo sino también a causa de los recipientes que son incorporados en Él quien está en el reino celestial”[3]. La lógica de este punto de vista de la frase «en Cristo» fluye simple y directamente hacia la afirmación del versículo siguiente de la elección en él, una de las muchas bendiciones enumeradas en Ef. 1:4-13, todas las cuales caen sin duda bajo la rúbrica de la frase resumen de 1:3, «toda bendición espiritual». Si cada bendición espiritual llega a los creyentes porque ellos están en Cristo, y la elección es una de esas bendiciones, entonces se sigue necesariamente que los creyentes son elegidos porque están en Cristo. La Elección es condicional a estar en Cristo por la fe. Es solamente una presuposición teológica e individualista la que insistiría que la misma frase “en Cristo”, que indica que cada bendición espiritual viene a los creyentes como consecuencia de su unión con Cristo, de alguna manera no significa que la bendición espiritual de la elección viene a los creyentes como consecuencia de su unión con Cristo.

Defensores de la Elección Corporativa observan que la elección de la Iglesia, vista corporativamente en Efesios 1:4 en la referencia plural de “nos” (ἡµᾶς)[4] es equivalente a “estar en Cristo”. La elección/escogimiento de Cristo es asumido aquí, y él es visualizado como la esfera misma de la elección. El uso del lenguaje “en x” es el mismo encontrado en la cita de Pablo de Génesis 21:12 en Romanos 9:7, donde el contexto también es concerniente a la elección: “En Isaac te será llamada descendencia”. En Génesis 21:12, Dios le dice a Abraham cómo sus descendientes serán identificados por su relación con Isaac. Aquellos que estén conectados con Isaac serán llamados simiente de Abraham, y por tanto, herederos del pacto. En otras palabras, serán llamados como el pueblo pactual de Dios como consecuencia de su relación con Isaac[5]. Pablo interpreta esto así: “No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.” (Romanos 9:8), lo cual es una manera de decir que los creyentes son reconocidos como la simiente o descendencia de Abraham, herederos de las promesas de Dios hechas a él, exactamente el mismo punto señalado por Pablo en Romanos 4.

Así como Pablo lo pone en Gálatas 3:26: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Los versículos siguientes son esclarecedores para este tema: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo[6], ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:27-29). Nótese cómo los pensamientos se juntan. Ser hijos de Dios por la fe, aquí se menciona como ser revestidos de Cristo por el bautismo, el momento típico en que uno expresa formalmente su fe. Luego, se nos muestra la consecuencia de la fe: “todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Creer en Jesús trae a uno ser revestido con Cristo, lo cual es una manera de decir que uno se une con Él o estar en Él. Como resultado de la unión con Él por la fe, uno se hace hijo de Dios, llevándolo a la unión o unidad con sus hermanos y hermanas cristianos. Tanto la filiación como la unión con Cristo podría decirse que proveen la unidad con los hermanos cristianos; la filiación por la membresía en una misma familia, y la unión por la incorporación a la misma persona, la cabeza corporativa (Léase Efesios 2:11-22, donde la unidad entre creyentes y la incorporación en la casa de Dios el Padre es predicado en relación a estar en Cristo, en quien los creyentes judíos y gentiles han sido hechos un solo y nuevo hombre). Esto deja a la filiación y a la membresía en Cristo prácticamente como sinónimos, dos caras de la misma moneda, aunque es mejor tomar el último como base del primero. Entonces, la noción de pertenecer a Cristo aparece aproximadamente como otro concepto equivalente. Parece estar más enlazado con estar en Cristo, lo cual inmediatamente precede en el texto. Ciertamente, sería como un corolario a estar en Cristo. Ser unidos a Cristo también lleva a uno a pertenecerle a Él (es decir, ser elegido o escogido) así como le hace a uno parte de Cristo e hijo de Dios, todo lo cual es por medio de la fe. Finalmente, todo esto está relacionado con la heredad. Más específicamente, pertenecer a Cristo implica la herencia según la promesa, un concepto que no puede estar separado de la filiación, lo cual también trae la herencia.

En cualquier caso, la aseveración de Génesis 21:12/Romanos 9:7 presupone la elección/llamado de Isaac como la cabeza pactual, y asegura el llamado de sus descendientes como consecuencia de la relación de ellos con él (Isaac). La misma estructura de la frase “escogió/llamó en Cristo/Isaac” nos indica la elección de un pueblo condicionado a su relación con la cabeza pactual, quien ha sido escogida primero y cuyo escogimiento provee la base de la elección para Su pueblo/gente. Por eso, la elección de Dios de la Iglesia en Efesios 1:4 es presentada como consecuencia de su unión con Cristo, el Escogido. La elección de ellos es intrínseca a la Suya, así como la elección de Israel (el pueblo) fue intrínseca a la elección de Israel/Jacob (la cabeza corporativa) antes de que la nación haya existido. Así como Andrew Lincoln observa, la Iglesia Primitiva, en continuidad con el Antiguo Testamento, tenía una:

consciencia de ser escogida para ser el pueblo de Dios… Su sentimiento de la gracia de Dios al escogerlos era inextricablemente entretejido con su sentido de pertenencia a Cristo. Ellos lo vieron como el Escogido de Dios… Ciertamente, Pablo en Gálatas 3 trata a Cristo como si en un sentido completara/culminara la elección de Israel. Cristo es la simiente de Abraham por excelencia (3:16), y en Cristo la bendición de Abraham ha venido a los gentiles (3:14) para que así también ellos, porque están en Cristo, sean simiente de Abraham (3:29)[7].

Y así como F.F. Bruce suscintamente afirma en relación a la frase “en Cristo” de 1:4, Cristo “es el Escogido de Dios por excelencia”[8]. El punto es confirmado en Efesios 1:6, en el cual Cristo es mencionado como El Amado (τῷ ἠγαπηµένῳ) en quien la gracia de Dios ha sido prodigada en nosotros (La Iglesia/los creyentes), un término que significa que Cristo es el Escogido, un título usado como designación al pueblo escogido de Dios en el Antiguo Testamento (LXX Deuteronomio 32:15; 33:5, 12, 26; Isaías 5:1, 7; 44:2; Jeremías 11:15; 12:7) y el significado de la terminología del amor electivo en el Antiguo Testamento (Léase Malaquías 1:2), terminología aplicada a Cristo en el Nuevo Testamento (Colosenses 1:13; Marcos 1:11; 9:7 y paralelos; Marcos 12:6; Lucas 20:13) y La Iglesia (1 Tesalonicenses 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13; Romanos 9:25; Colosenses 3:12) en varios textos[9].

En el caso de Efesios 1:4, Cristo es presentado como existiendo desde antes de la fundación del mundo y escogido por Dios como la cabeza de Su pueblo y el heredero de todas las bendiciones. Todos aquellos que vienen a estar en Cristo necesariamente compartirán Su elección, identidad y herencia. Lo que sea verdad para Cristo, la cabeza del pacto, también se vuelve verdad para aquellos quienes están en Él. Él es el Hijo de Dios, entonces ellos son hijos de Dios (Gálatas 3:26). Él es santo, entonces ellos son santos (Colosenses 3:12; 1 Corintios 3:17; Efesios 2:19-22) ciertamente santos de Dios (ἅγιοι, por ejemplo, Efesios 1:1; o pasajes que mencionan a Jesús como el Santo de Dios Marcos 1:24; Lucas 4:34; Juan 6:69; Hechos 2:27; 13:35; 1 Juan 2:20). Él es amado, entonces ellos son amados (Efesios 1:6; 5:1). Él es justo, entonces ellos son justos (Romanos 3:22); ciertamente ellos son justicia de Dios en Cristo (2 Corintios 5:21) y han sido justificados en Él (Gálatas 2:17). Él es el heredero de todas las promesas de Dios, y ellos son coherederos en Él (Romanos 4:13-17; 8:16-17; Gálatas 3:29). Él ha muerto, resucitado, y se ha sentado en los lugares celestiales, y ellos han muerto, resucitado y se han sentado en los lugares celestiales con Él y en Él (Efesios 2:4-7; Romanos 6:1-11; Colosenses 2:11-13). A Él se le ha dado el Espíritu, y por lo tanto a ellos también se les ha dado el Espíritu, quien es el que otorgador y sellador de la elección. (Efesios 1:13-14; Hechos 2:33; Gálatas 3:2-5; Romanos 8:1 [nótese cómo este glorioso capítulo empieza como una representación de lo que es verdad para aquellos que están en Cristo], 9-11, 14-17)[10]. Su muerte es la muerte de ellos. Su resurrección es la resurrección de ellos. Su vida es la vida de ellos. Todo esto es contingente a estar en Cristo, lo cual es por sí mismo contingente a la fe en Cristo, un punto a subrayar por el hecho de que algunas de las bendiciones clave son mencionadas explícitamente como condicionales a la fe, como la filiación (y por tanto la herencia), la justificación, el otorgamiento del Espíritu Santo y vida/resurrección.

Aun si la posesión personal de estos beneficios se aplica a las personas únicamente cuando ellos se unen a Cristo por fe, en principio podemos decir que estas bendiciones son dadas a “nosotros” (creyentes/cristianos/pueblo de Dios) cuando son dadas a Cristo, porque Él, como la cabeza corporativa de Su pueblo/gente, constituye a la gente como una entidad corporativa en el mismo momento de Su elección como la cabeza corporativa, así como podemos decir que la nación de Israel estaba en el vientre de Rebeca porque Jacob estaba (Génesis 25:23) y que Dios amó/escogió a Israel amando/escogiendo a Jacob (Malaquías 1:2-3) y que Leví pagó los diezmos a Malaquías a través de Abraham (Hebreos 7:9-10). Esto es similar a cómo yo, como norteamericano, puedo decir que nosotros (Estados Unidos) ganó la Guerra Revolucionaria antes que yo o cualquier norteamericano vivo hoy haya nacido.

Encontramos tal conceptualización en, por ejemplo, Efesios 2:5-6 en conjunción con el lenguaje de estar “en Cristo”: “nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado), y también junto con Él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales” (RVC; otros pasajes similares serían Col. 2:11-14 y Rom. 6:1-14). Cuando los creyentes vienen a estar en Cristo por la fe, llegan a compartir Su historia, identidad y destino. Por tanto, puede decirse que ellos murieron y resucitaron con Él aún si ellos no murieron ni resucitaron con Él literalmente cuando Él lo hizo. Podría ser incluso más contundente que Pablo diga que ellos se sentaron con Cristo en los lugares celestiales en Cristo, ya que ni Pablo ni su audiencia estaban literalmente en los cielos cuando Pablo escribió, sin mencionar que Cristo primero se sentó allí. Pero Cristo es la cabeza corporativa y representativa de Su pueblo, una entidad corporativa que trasciende la mera colección de sus miembros individuales y sus identidades individuales, así como también es evidente en el caso de naciones o muchas otras entidades corporativas significativas[11]. Por tanto, puede decirse que nosotros (la iglesia, cristianos) estamos sentados en los lugares celestiales porque Cristo está en los lugares celestiales y cuando estamos en Él, nos identificamos a nosotros con Él y Él con nosotros[12]. Por el mismo principio de solidaridad corporativa puede decirse que fuimos escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo. La expresión no significa que de alguna manera nosotros literalmente somos preexistentes desde antes de la fundación del mundo, ni que preexistimos meramente en la mente o plan de Dios, ni tampoco que Dios preconoció nuestra fe y nos escogió con ese fundamento, sino que, en realidad, “La elección de Cristo, la cabeza corporativa preexistente de la iglesia, antes de la fundación del mundo, enlaza la elección de la iglesia porque Él es la cabeza corporativa y representativa de la iglesia, y lo que es verdad de Él como su representante es también verdad para ellos, Su cuerpo”[13].

Algunos intérpretes han intentado negar el sentido corporativo de la frase “en Él [Cristo]” en Efesios 1:4, pero la evidencia y peso académico está contra ellos[14]. De hecho, Schreiner parece argumentar contra el significado corporativo en su influyente artículo en favor de la elección individualista para salvación, defendiendo un sentido instrumental, pero entonces concedió el punto en un artículo posterior cuando fue desafiado con una evidencia actual de Efesios en:

El obvio significado corporativo del mismo lenguaje en todas partes en Efesios, como la identificación de Cristo como la cabeza de la Iglesia/Su cuerpo (1:20-23), la resucitada/nueva creación de la Iglesia en Cristo (2:6-10; otro pasaje similar sería 1:3, con el mismo término/lenguaje de “lugares celestiales”), y en la incorporación de judíos y gentiles en Cristo como un nuevo hombre/cuerpo/templo (2:11-22) por nombrar solamente algunos ejemplos[15].

Harold Hoehner, de quien anteriormente notamos que reconoció el sentido corporativo de Efesios 1:1 y 1:3, sirve como otro ejemplo de un intérprete que intenta negar el sentido corporativo de la frase “en Cristo” de Efesios 1:4. Después de mencionar algunas opciones para el significado de la frase que han sido sugeridas pero lo considera inverosímil por motivos cuestionables, Hoehner identifica dos más que él piensa son realmente posibles: (1) un sentido corporativo, que él identifica como un dative de esfera, relacionando la indentidad de Cristo como la cabeza y representante del pueblo de Dios, o (2) un sentido instrumental, específicamente relacionando a la obra redentora de Cristo como el medio a través del cual los creyentes son escogidos[16]. “Esta última intepretación”, dice Hoehner, “es preferible porque expresa que Dios escoge al creyente para Su gloria y tiene que hacerse en conexión con la redención conseguida en Cristo. Dios no puede traer humanos pecadores en Su presencia para siempre sin Cristo habiendo pagado por sus pecados”[17].

El razonamiento de Hoehner no provee de un buen sustento a su posición. Primero, no es claro por qué señalar el propósito de la gloria de Dios debería ser necesario en Efesios 1:4 específicamente. Pero segundo, no es claro para nada cómo un sentido instrumental relacionado a la obra redentora de Cristo es en alguna medida más glorioso para Dios que el sentido corporativo en relación a Cristo como cabeza y representador del pueblo de Dios, lo cual después de todo incluye Su obra redentora también. Tercero, aunque pueda ser cierto que el pecado debe ser pagado para que sea posible para humanos pecadores entrar en la presencia de Dios, no hay razón para asumir que esta idea específica debe ser aludida a Efesios 1:4. Pero se debe serlo, entonces, el sentido corporativo cumple con esto también ya que sería claro que los humanos pecadores necesitan un representante para traerlos a la presencia de Dios.

Cuarto, no hay razón contextual para pensar que la obra redentora de Cristo es aludida específicamente en este pasaje. La idea no es mencionada hasta este punto. En las propias palabras de Hoehner contra la sugerencia de que la presciencia de Dios de la fe humana es el significado de la frase, “Esto sugiere más de lo que el pasaje dice”[18]. Es cierto que la redención es mencionada en 1:7, pero es presentada simplemente como una de las bendiciones dadas en Cristo a los creyentes, así como la elección misma. No hay pista de que la redención es en sí misma más íntimamente conectada a estar en Cristo que cualquiera de las otras bendiciones otorgadas en Él[19]. Quiento, Hoehner acepta el sentido corporativo de la frase “en Cristo” en 1:1 y en 1:3[20]. Aún si uno acepta el significado corporativo de la frase “en Cristo” en 1:3, es casi imposible negar razonablemente el mismo sentido en 1:4, como fue discutido antes en relación a la posición de O’Brien. Ciertamente, Hoehner mismo reconoce que “en Él” de 1:4 “está relacionado al ‘en Cristo’ del verso 3”[21].

Es sorprendente que Hoehner separe la perspectiva corporativa de la perspectiva de que la frase “en Cristo” involucra la elección de Cristo como base/fundamento de la elección de creyentes[22] ya que ciertamente están conectados, así como se ha visto hasta ahora en la discusión. Es por la elección de Cristo que la incorporación en Él enlaza la extensión de Su elección con aquellos que están unidos a Él. Estar en Cristo significa que uno comparte Su historia, identidad, herencia y destino. Pero Hoehner insiste que la elección de Cristo como la base de la elección de creyentes no está presente “porque el objeto del verbo ‘escoger’ es ‘nosotros’ y no ‘Cristo’”[23]. Sin embargo, este tipo de respuesta no apunta contra la perspectiva corporativa correctamente. La idea no es que Efesios 1:4 representa a Cristo como escogido en vez de a los creyentes, sino que se refiere directamente a la elección de los creyentes con la frase “en Cristo” calificando esta elección como siendo condicional a la unión de los creyentes con Cristo, El Escogido.  

Similarmente a Hoehner, Schreiner ha argumentado no solamente por el sentido instrumental de la frase “en Cristo”, sino también que la elección de Cristo no es realmente significativo en este verso, señalando que, “el texto no dice específicamente que Cristo fue escogido. El objeto del verbo “escoger” es “a nosotros” (“nos escogió”) en Efesios 1:4[24]. Pero cuando uno se enfrenta al obvio sentido corporativo de la frase “en Cristo” en Efesios 1:4, él ha concedido que la elección o el escogimiento de Cristo es parte del significado y el trasfondo del verso[25]. Pero mantiene que el énfasis “no es en el escogimiento de Cristo, sino en la elección de seres humanos”, ya que “en Efesios 1:4 los seres humanos son los objetos directos de la elección de Dios, y no Jesucristo”[26].

Sin embargo, la posición de Schreiner es problemática. No es que él esté equivocado en decir que “en Efesios 1:4 los seres humanos son el objeto directo de la elección de Dios, no Jesucristo”[27]. Sino el significado que Schreiner le quiere añadir a esto (La Elección Incondicional Individualista) es contradecida por el hecho de que la elección de los seres humanos está directamente calificada en el verso por la frase de “en Él”, lo cual indica el trasfondo y forma de la elección de los seres humanos mencionada. El significado de la frase “en Él (Cristo)” significa exactamente que la Iglesia es escogida como consecuencia de estar en Cristo. Es una cuestión de desarrollar el significado de la frase, lo cual nos dice cómo Dios escoge creyentes. Parte de su significado en el contexto es que Dios escoge a Cristo como la cabeza corporativa, y entonces la elección de la Iglesia resulta de Su elección, porque la Iglesia está en Él, y por tanto, lo que es verdad de Él es verdad para ellos. Como ya se ha mencionado, Schreiner admite ahora que el escogimiento de Cristo es parte del trasfondo y significado del verso. Violaría el procedimiento estándar exegético, por tanto, cerrar nuestros ojos a su importancia para el significado del texto. Entonces, los proponentes de la Elección Corporativa no enfatizan un tema nunca mencionado así Schreiner los acusa[28]. El tema es mencionado en la frase “en Cristo”, lo cual está grandemente enfatizado en el contexto[29]

Pero es incluso inadecuado decir que los intérpretes arminianos enfatizan el escogimiento de Cristo por encima de la elección de seres humanos en Efesios 1:4. Ellos simplemente señalan el significado de las palabras que ya están en el texto. La pregunta no es, “¿qué quiere decir con lo de que Dios nos escoge?”, sino, “¿qué quiere decir con lo de que Dios nos escoge en Cristo?”. Una parte crítica de la respuesta a esta pregunta es proveída por la frase corporativa, “en Cristo”. Significa que Dios nos escoge como como consecuencia de estar en Cristo. Aquí no se niega para nada la elección de seres humanos, sino que la elección de seres humanos sea individualista e incondicional. Para resumir sucintamente, los calvinistas tienden a interpretar Efesios 1:4 como diciendo que Dios nos escoge separadamente e individualmente para ser puestos en Cristo, a lo cual los arminianos rápidamente respondemos que lo que el texto realmente dice es que Dios nos escoge en Cristo. [Este post fue tomado del blog de Society of Evangelical Arminians (http://evangelicalarminians.org/brian-abasciano-clearing-up-misconceptions-about-corporate-election/?fbclid=IwAR2ND_W0U2IZOmyAnwJ-U6qi9X18XC2iWWfyoorYt2qz5Q-jolQw-JgBRV8) donde se encuentra el post original]


[1] See e.g., Ware, “Election,” 44-45; cf. Schreiner, “Reflections,” 36-38.

[2] O’Brien, Ephesians, 99. Contrast Klein in speaking of the corporate view of election in Eph. 1:4: “This is not to deny that election is personal: certainly every member of the church shares its election” (“Ephesians,” 48).

[3] Ibid, 97; Andrew T. Lincoln uses almost the same language of the meaning of the phrase (Ephesians [WBC 42; Dallas: Word, 1990], 22). This same sort of contradiction can be seen in other Calvinist commentators who recognize the obvious meaning of the “in Christ” phrase in 1:1 and 1:3, but then ignore or unsuccessfully try to escape its force in 1:4; see e.g., Harold Hoehner Ephesians: An Exegetical Commentary (Grand Rapids: Baker, 2002), 143, 171-72, 176-77; William Hendriksen, Galatians and Ephesians (NTC; Grand Rapids: Baker, 1967), 70-71, 75-76.

[4] It is typical for commentators to take this reference to be of the Christian Church generally as the people of God; for several representative references, see Hoehner Ephesians, 176 n. 1. Hoehner himself, however, argues that the reference is not collective since “Paul would not have used the singular pronoun, for he was not writing to an individual but to the church as a whole” (176). But that is part of the point—Paul was addressing the church as a whole (I would say churches as wholes); he was addressing the church corporately. Therefore, his plural reference is best taken of the church as a whole, especially as it was uttered in a collectivist cultural milieu in which the group was seen as primary and the individual as secondary, embedded in the group to which he belonged and referred to as a result of his membership in the group. Curiously, Hoehner thinks the reference refers only to Paul and the Ephesian church. But this is highly unlikely. As O’Brien observes, “the flow of the paragraph and the nature of the divine gifts being described show that the apostle has all of God’s people in mind” (Ephesians, 96, on 1:3, though O’Brien thinks that God’s people are in view both corporately and individually; cf. p. 99 on 1:4;). This finds support in the fact that the blessings Paul enumerates in Eph. 1 apply to all Christians. Indeed, Ephesians tends to discussion of general Christian realities applicable to all Christians in which the readers participate. See e.g., O’Brien’s discussion of the recipients of the letter, who notes that “a number of the images and metaphors used of these Christian readers are corporate and describe them in terms of their belonging to a wider community of men and women in Christ” (ibid, 49-51; quotation from p. 50). This is further supported by the likelihood that Ephesians was a circular letter intended for various churches in Asia Minor; see again e.g. O’Brien, ibid, 47-49. That Paul is thinking of all Christians, and that his use of “us” does not merely reflect inclusion of himself alone with his addressees, is shown by his distinction between “we . . . who were the first to hope in Christ”(1:12), most likely referring to early Jewish Christians, and “you also,” most likely referring to Paul’s predominantly Gentile Christian audience; on the distinction, see again O’Brien, ibid, 116-17 (though I would take the “we” of v. 11 of all Christians, with v. 12 highlighting the result [taking εἰς τὸ εἶναι to indicate result] of v. 11 for early Jewish Christians).

[5] Schreiner severely mischaracterizes this point as I made it in a previous article when he retorts that “Paul argues against this view in Romans 9, when he states that mere biological descent from Abraham does not mean that one is part of the covenant people (Rom 9:6-13)” (“Response,” 382). Paul interprets this fact of calling based on relationship to Isaac spiritually in Rom. 9 and I state this explicitly in the very next sentence of the original context from which Schreiner quoted me. Strikingly, in the context of Romans and the Pauline corpus, to be a child of promise is to have faith (see Abasciano, Romans 9.1-9, 196-98). While there is even more to the phrase’s meaning, Paul’s statement means that those who believe are regarded as the seed of Abraham, as Paul argues in Romans and elsewhere. Schreiner is completely correct that Paul states that “mere biological descent from Abraham does not mean that one is part of the covenant people (Rom 9:6-13).” But what Paul is stressing, in conformity to the whole tenor of his argument in Romans, is that faith does mean that one is part of the covenant people. Schreiner has grossly misread my argument here and so failed to see that the case of Isaac he cites fully supports my view and militates against his own.

[6] Literalmente: “Y si ustedes están en Cristo”

[7] Lincoln, Ephesians, 23. Cf. Markus Barth, Ephesians (Vol. 1; AB; Garden City: Doubleday, 1974), 107- 09; F.F. Bruce, The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians (NICNT; Grand Rapids: Zondervan, 1984), 254.

[8] Bruce, ibid.

[9] On the term as indicating Christ as the Chosen One, see esp. Lincoln, Ephesians, 26-27; cf. O’Brien, Ephesians, 104-05; Bruce, Ephesians, 258; most of the cited Scripture references were culled from these sources. On the elective significance of OT love terminology, see the treatment of Rom. 9:13 in my forthcoming monograph in T & T Clark’s LNTS series (tentatively titled Paul’s Use of the Old Testament in Romans 9.10-18: An Intertextual and Theological Exegesis).

[10] On the Spirit as the bestower and marker of election, see Abasciano, Romans 9.1-9, 124-26.

[11] See Abasciano for this point and some exploration of it in the case of a professional baseball team (“Election,” 364-66). My consideration of the purchase of a baseball team was in response to Schreiner’s misguided attempt to use the analogy to argue for individualistic election (“Reflections,” 37). Closer attention to the choice of a baseball team for purchase (a corporate election) reveals it to illustrate the concept of a primarily corporate election quite nicely. If one buys a baseball team, one does not individually choose each player one wants to put on the team and individually “buy” each player, thus making up the team. Rather, each individual player on the team is bought/chosen as a consequence of his membership on the team. And in fact, members of the team can come and go from one day to another, yet the team continues to exist and its identity remains the same. Surprisingly, Schreiner faults me for assuming that the group (the “baseball team”) already exists when God chooses it (“Response,” 378-79). But I was responding to his illustration, which clearly assumed that the team already existed, for he offered the idea of someone purchasing a professional baseball team. But in response to a change in the illustration to the formation of a new baseball team, it may be pointed out that his analogy still fails, because in the case of biblical election unto salvation, the “team” did exist first in that God first chose Christ, and the Church in him. As the corporate head, Christ’s election is the election of a people, of whoever will come to be identified with him. He represents and embodies the team in himself, and anyone who comes to be in him comes to share in his election; see more above in the present section. Incidentally, in the corporate context of professional baseball, a team can actually exist before it has any members, a fact I pointed out but that Schreiner ignored (see Abasciano, “Election,” 365 n. 49). Klein relates the fact that the Colorado Rockies existed as a baseball team before it ever had a manager or any players (“Virtual Election?” 7-9). The team had a name, season tickets were sold, and players were solicited to join the team

[12] This is similar to saying that we (America) are seated at the negotiation table with other countries discussing terms of peace because the President or our ambassador is, or that we (unionized workers) are seated at the negotiation table with our employer for the purpose of obtaining a raise because our union representative is, though these modern analogies set in an individualistic culture cannot do justice to the even more profound connection between the group and its head in the perception of the collectivist culture of Paul and early Christianity. Cf. e.g., the corporate perspective of Deut., which according to J.G. McConville, has as one of its main contentions that Israel in all its generations stood in principle at Horeb (Deuteronomy [AOTC 5; Leicester: Apollos; Downer’s Grove: IVP, 2002], 124). Indeed, all Israel is referred to as having experienced the Lord and the events surrounding the exodus even though most of the nation presented as alive at the time of Moses’ address to them were not alive to experience those events. In a particularly striking example, we are told, “YHWH our God cut a covenant with us at Horeb. Not with our fathers did YHWH cut this covenant, but with we ourselves here today, all of us alive” (Deut. 5:2-3). How can it be said that the covenant was made with “all of us” at Horeb if most of “us” were not alive to enter into that covenant at Horeb? By the principle of corporate solidarity and identity, which bring individuals to share in the corporate reality, history, and destiny of the people as a consequence of identification with the group.

[13] Abasciano, “Election,” 367. It is of course true in the biblical view that God knew of us and our future existence before we came into existence and that he knew who would exercise faith before their existence, but neither of these is likely the specific meaning of Eph. 1:4’s statement that God chose us in Christ before the foundation of the world, for the choosing is specifically qualified as being in Christ, the meaning of which we have been laboring to unpack. It should go without saying that the text does not consider the Church or individual believers to have literally existed before the foundation of the world.

[14] See Klein and the references he provides to those who support a corporate view of election here that rests on an incorporative sense (“Ephesians,” 48, 56); O’Brien, Ephesians, 97-100; Lincoln, Ephesians, 21-24.

[15] Abasciano (“Election,” 367), responding to Schreiner’s original position (“Reflections,” 38); cf. Schreiner’s revised position (“Response,” 380). It should be noted that the incorporative sense of the phrase also implies an instrumental sense, though the reverse is not necessarily true.

[16] Hoehner, Ephesians, 176-77. The other options Hoehner identifies are election (1) through faith in Christ; (2) as a consequence of being in Christ the Elect One; or (3) according to divine foreknowledge of human faith. His reasoning against each of these options is rather weak. Concerning (1), his reasoning is theological and presuppositional, and faulty on even these non-exegetical points. It verges on nonsensical to say that God electing on a basis that he himself chooses somehow destroys his freedom of choice. Nor is it apparent that God freely choosing to elect based on faith would give believers a legal claim on God, and if it did so, how it would do so in any way unconditional election would not. Concerning (3), Hoehner is right to observe that it claims more than the passage says, but this weighs against his own view (see below). Moreover, it is hard to see how election according to God’s good pleasure (Eph. 1:5) necessarily conflicts with certain other potential bases of election. Specifically, if God freely chose faith as the criterion of his selection, then how can it be said that his choice would not also be according to his good pleasure? On (2), see below.

[17] Ibid, 177.

[18] Ibid.

[19] If one were to argue that redemption makes it possible to be in Christ, then that would invite the observation that faith is the means by which that redemption is applied and by which one comes to be in Christ, and that believing is specifically mentioned in 1:13, which is part of the same long sentence in which 1:4 lies, with the incorporation of Paul’s Gentile readers into Christ and their being marked as belonging to God coming specifically into view at the very place that faith is mentioned and indicated as the means by which believers are sealed in Christ. This would make faith as the means by which believers are elected or divine foreknowledge of human faith both more likely connotations of the “in Christ” phrase (in relation to election) than redemption. But none of these are as likely as the incorporative sense widely recognized in 1:3.

[20] Ibid, 143, 171-72.

[21] Ibid, 176. Hoehner’s reference to v. 2 must be a mistake, and refer to v. 3, since “in Christ” does not appear in 1:2.

[22] Ibid, 176-77.

[23] Ibid, 177, 192; cf. O’Brien, Ephesians, 99 n. 53

[24] Schreiner, “Reflections,” 37

[25] Schreiner, “Response,” 380, responding to Abasciano, “Election,” 366-67.

[26] Schreiner, “Response,” 380.

[27] 2 Ibid. But I take this to mean that Eph. 1:4 explicitly speaks of the election of human beings, and not of Jesus Christ. If, as Schreiner concedes, the verse has Jesus’ election in the background, then it certainly is his direct election by the Father that is implied. The point is that Eph. 1:4 implies this direct election of Jesus Christ and does not state it explicitly.

[28] Ibid. Schreiner also cites Eph. 1:5 as opposing the corporate view based on its affirmation “that God ‘predestined us according to the purpose of his will’ ” (translation and emphasis his). But it is not clear how predestination being in accordance with the kind intention/purpose (a better translation of εὐδοκία, though it makes little difference for my point) of God’s will contradicts God conditioning the benefit intended by that will on being in Christ; see note 41 above. Indeed, predestination itself is said to be through Christ in 1:5, which in the context of the incorporative idea in 1:3 and 1:4, most likely means that predestination to adoption is through Christ precisely because believers are in him. In other words, because election in Christ necessarily entails election through Christ as the sphere, and so the means, through which believers are chosen, then predestination through Christ in this context is roughly equivalent to predestination in Christ in an incorporative sense. This is confirmed again by 1:3, which speaks incorporatively of God having blessed the Church with every spiritual blessing in Christ. Surely predestination is one of the spiritual blessings comprehended in every spiritual blessing of 1:3, which 1:4- 14 enumerates.

[29] “In Christ” or its equivalents that is. As MacDonald says, “In a unit of twelve verses (1:3-14) there are as many foci on Christ as there are verses. He is the one in whom and through whom ‘every spiritual blessing’ proceeds. His diagrammatic centrality is evident and necessary to the doctrine. One must not talk about election without mentioning Christ in every breath” (“Election,” 222). The “in Christ” phrase itself or its equivalent occurs some eleven times in 1:3-14. Or as O’Brien mentions, there is a “constant repetition of the phrase” (Ephesians, 90). As Lincoln’s puts it, the phrase and its equivalents “predominate” in the passage (Ephesians, 19).

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