Reflexiones acerca del Sermon 5 de Wesley: “Justificación por la fe”

«mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia». -Romanos 4:5

En la provincia de Córdoba, Argentina, hay hermosos parques recreativos donde se han construido laberintos. Uno de los más grandes, en el Valle de Nono, cubre una superficie de 900 metros cuadrados e incluye 1.600 arbustos de ciprés. En el centro del laberinto, hay una torre elevada desde la que se puede ver toda la vista panorámica.

Una vez que se entra en el camino del laberinto, es prácticamente imposible encontrar la salida; se puede caminar durante horas en diferentes direcciones sin éxito. La sensación de estar atrapado es estresante.  La sensación de fracaso puede aparecer y te das cuenta de que es imposible salir adelante por tu cuenta. Eventualmente, debes rendirte y buscar la ayuda de alguien que ya haya recorrido el camino. Es entonces cuando la persona en la torre elevada comienza a guiarte: «gira a la izquierda… sigue recto… gira a la derecha». Aunque no puedes ver el camino a seguir, confías en las palabras del guía y obedeces sus instrucciones. Cuando finalmente llegas al centro y la escalera de la torre aparece ante tus ojos, respiras un suspiro de alivio. Ahora estás entre los que pueden ver a otros que luchan en vano por encontrar la salida. Habiendo recorrido el camino, ahora tienes la oportunidad de guiar a otros. Experiencias como esta nos ayudan a entender la doctrina de la justificación por la fe.

En su sermón «Justificación por la fe», John Wesley describió el estado de desesperanza en el que caemos cuando vivimos en el pecado y la conciencia de nuestra incapacidad para alejarnos de aquello que nos ha atrapado cuando nos apoyamos en nuestra propia fuerza o inteligencia. Inútilmente forjamos nuestro propio camino, tratando de justificarnos ante Dios, la familia y los demás, pero no encontramos paz en nuestras almas. Nos engañamos a nosotros mismos cuando intentamos borrar las cosas malas que hemos hecho actuando mejor. Las buenas obras de una persona alejada de Dios no tienen peso en la balanza del Creador; no liberan a nadie del castigo del pecado.

Por esta razón, Wesley afirmó que esta doctrina «mantiene el fundamento de nuestra esperanza, ya que mientras estemos alienados de Dios, ni la verdadera paz ni la verdadera alegría son posibles en esta vida o en la eternidad».

¡Esta es la noticia que todos deben oír! Dios nos ama tanto que quiere sacarnos de una vida sin esperanza.

Por lo tanto, Él produce fe en nosotros, y esa fe es lo que nos impulsa a mirar hacia «la torre». La fe nos permite creer en Jesucristo y seguir sus instrucciones con confianza. Esta vida de paz es posible cuando ponemos esa fe salvadora en acción: «…justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).

Este post fue escrito por Mónica E. Mastronardi de Fernández. Originaria de Argentina, Mónica es misionera global en la Iglesia del Nazareno desde 1995. Actualmente sirve en el Seminario Nazareno de las Américas en San José, Costa Rica (SENDAS). Mónica es autora y editora de varios libros sobre discipulado y formación de líderes laicos en la Región Mesoamericana.

Para leer el Sermon de Wesley completo: https://www.whdl.org/sites/default/files/publications/tomo01.pdf (pag102)

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