Arminianismo: La seguridad de la salvación – Ed Jarrett

¿Puede un verdadero creyente nacido de nuevo perder su salvación? Los arminianos están de acuerdo con la depravación total de la humanidad y nuestra incapacidad de tomar decisiones espirituales por nuestra cuenta. Estamos de acuerdo en que la obra expiatoria de Cristo en la cruz fue para todos en el mundo.  Estamos de acuerdo en que la gracia de Dios es resistible, que podemos rechazar su oferta de salvación. Y estamos de acuerdo en que la elección de Dios de los creyentes está condicionada a que respondamos a su gracia preveniente en la fe. Donde los arminianos están divididos es en la respuesta a la pregunta inicial: ¿es posible perder la salvación? Arminio parecía ser vago en el tema, aunque parece que aceptaba esa posibilidad. Los primeros remonstrantes expresaron que era un tema que necesitaba más estudio y, al menos inicialmente, declinaron tomar una posición. Carlos Wesley, el arminiano más destacado después del propio Arminio, creía que la salvación podía perderse. En general, los que sostienen el arminianismo clásico aceptan que es posible que una persona se aleje de su fe, y se les llama arminianos de 5 puntos. Aquellos que sostienen que la salvación no se puede perder son considerados como arminianos de 4 puntos; la tradición bautista en la que crecí es de 4 puntos.

Esta cuestión sobre la seguridad eterna, como se denomina en algunas tradiciones, tiene una gran carga emocional. Lo es particularmente para aquellos con miembros de la familia que han hecho una profesión pública de fe y luego le han dado la espalda. Es reconfortante creer que sus seres queridos estarán con usted en el cielo en lugar de sufrir la destrucción. También puede ofrecer seguridad al creyente tibio que cree que, aunque no esté caminando actualmente con Cristo, ha hecho un compromiso con él en el pasado y por eso sigue siendo salvo. Pero por muy atractiva que sea la idea, si es contraria a lo que enseña la Biblia, entonces es una falsa esperanza.

¿Qué enseña la Biblia sobre el tema de la seguridad eterna? Desafortunadamente, en ninguna parte dice explícitamente que la salvación pueda o no pueda perderse. Si lo hiciera, no habría discusión al respecto. En cambio, tenemos que examinar más cuidadosamente las Escrituras para ver lo que tienen que decir al respecto.

El Argumento de la Seguridad Eterna

Hay una serie de pasajes que se utilizan para apoyar la creencia de que la salvación no se puede perder. Judas 1:24: «Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría», es uno de ellos. Este versículo afirma que Dios puede guardarme de caer y es capaz de presentarme irreprochable ante el Padre. Los que sostienen la seguridad eterna ven este versículo como una enseñanza de que Dios hace lo necesario para mantenernos seguros, no es por nuestros propios esfuerzos.

Juan 10:28-29, donde Jesús dice: «y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre». ¿Quién, o qué, podría arrebatarnos de las manos del Hijo y del Padre? Dios es más grande que todo y es capaz de protegernos de cualquiera que busque nuestra destrucción.

En Efesios 4:30 Pablo nos dice que «… no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención». El sellado era una manera de garantizar la seguridad y evitar la manipulación. Si estamos sellados hasta el día de la redención, entonces no hay posibilidad de apostasía; nuestra seguridad eterna está asegurada.

Uno de los pasajes más conocidos es Juan 3:16 donde Jesús dice que «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios ha dado vida eterna a todos los que creen en Jesús. Esta vida es eterna, ¿cómo se puede quitar algo que es eterno?

Y lo que puede ser el pasaje más usado para apoyar la seguridad eterna es Romanos 8:38-39, «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro». Nada en toda la creación puede separarnos del amor de Dios.

En conjunto, estos pasajes expresan la seguridad que tenemos en nuestra relación con Dios. Dios es tan fuerte que nadie puede separarnos de él. Fuimos conocidos de antemano por Dios, redimidos por Cristo y sellados por el Espíritu, adoptados en la familia de Dios. No hay posibilidad de caer de la gracia de Dios. Y si alguien parece haberlo hecho, es más probable que nunca haya sido salvado en primer lugar.

Otro argumento a favor de la seguridad eterna proviene del calvinismo. Si Dios nos ha elegido incondicionalmente y nos ha llamado irresistiblemente a sí mismo, entonces es razonable asumir que no hay posibilidad de caer. Debido que no fue realmente mi elección venir a Cristo, entonces tampoco sería realmente mi elección quitarme de su gracia. Pero por supuesto esta lógica no funciona desde una perspectiva arminiana, ya que no aceptamos ni la elección incondicional ni la gracia irresistible.

El Argumento Contra la Seguridad Eterna

La Biblia está llena de pasajes que expresan nuestra necesidad de aguantar hasta el final, de no apartarnos, y de permanecer fieles. Mire los pasajes en la lista de abajo, los cuales expresan una advertencia contra el alejamiento (apostasía).

  • Mateo 10:22 – Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
  • Mateo 10:33 – Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
  • Mateo 24:12-13 – Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
  • Marcos 13:13 – Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
  • Lucas 8:13 – Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.
  • Lucas 9:62 – Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
  • Juan 15:2 – Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
  • Juan 15:6 – El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
  • Romanos 11:20-22 – Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
  • 1 Corintios 15:2 – Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
  • Gálatas 1:6 – Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
  • 1 Timoteo 1:19-20 – Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
  • 1 Timoteo 4:1 – Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.
  • 2 Timoteo 2:12 – Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará.
  • Hebreos 3:12 – Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.
  • Hebreos 3:14 – Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.
  • Hebreos 6:4-6 – Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
  • Hebreos 6:11 – Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza,
  • Hebreos 10:39 – Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
  • 2 Pedro 2:20-22 – Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

Una y otra vez se nos advierte sobre la caída, se nos anima a aguantar hasta el final. ¿Por qué sería eso si no hubiera posibilidad de caer? Todos estos pasajes se dirigen a los creyentes, a las personas que seguían a Cristo en ese momento, que eran salvas. Los que afirman que la salvación no puede perderse reconocen que se trata de advertencias, pero que las advertencias son efectivas y los verdaderos creyentes las tendrán en cuenta y, por tanto, no se perderán. Pero eso parece dejar abierta la posibilidad de que, si las advertencias no se hubieran hecho, los creyentes podrían haber caído y volver a perderse. Tampoco explica 1 Timoteo 1:19-20 donde Himeneo y Alejandro han rechazado la fe y han naufragado. O también el caso de los apóstatas en 2 Pedro 2:20-22; las advertencias fueron ineficaces al menos en su caso.

Ahora bien, es lógicamente cierto que, si la elección incondicional y la gracia irresistible son verdaderas, entonces un creyente no puede apartarse de la gracia de Dios. Pero el arminianismo no acepta ninguna de esas doctrinas, sosteniendo en cambio la elección condicional y la gracia resistible. Hay un sinergismo en la relación con Dios. Nuestra parte humana se limita a la sumisión a la oferta de gracia de Dios para la salvación, pero nuestra fe es un requisito en la salvación. ¿Pero no es la fe persistente un requisito para mantener la salvación? Hebreos 3:14 dice que «Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio». Compartiremos en Cristo sólo si perseveramos hasta el final. Parece que el sinergismo está implicado, no sólo en el acto inicial de la salvación, sino también a lo largo de nuestro camino con Cristo. En efecto, Dios no permitirá que nadie ni nada nos aparte de él, pero esos pasajes no dicen nada sobre que yo me aparte de su cuidado. Estoy protegido mientras persista en la fe. Si no lo hago, estoy peor que al principio (2 Pedro 2:20-22).

Tres Fases de la Salvación

Muy a menudo, cuando hablamos de la salvación nos referimos a algo que está en nuestro pasado; hemos sido salvos. Aunque no recuerdo el día específico, recuerdo mucho la ocasión de mi salvación y es algo que recuerdo periódicamente. Pero la salvación es más que eso. La Escritura también habla de la salvación en los tiempos presente y futuro; estoy siendo salvo, y seré salvo.

Santificación

Filipenses 2:12-13 da la referencia más clara a un tiempo presente para la salvación cuando Pablo les dice a los creyentes de Filipos: «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad». Este versículo expresa la sinergia de nuestra salvación: Dios trabaja en nosotros para cumplir su voluntad, pero también se nos instruye para que «trabajemos» nuestra salvación. No podemos hacer nada aparte de la obra de Dios, pero estamos llamados a cooperar con él.

Esta fase de la salvación se llama comúnmente santificación o crecimiento en la semejanza de Cristo. La santificación es principalmente la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas, moldeándonos y formándonos como personas que serán útiles al servicio de Dios. Pero como el pasaje anterior expresó, el Espíritu Santo trabaja con nosotros, no contra nosotros. Mi libre albedrío no se elimina cuando vengo a Cristo; necesito seguir eligiendo la rendición en lugar de la resistencia. Hay varios pasajes que expresan las consecuencias de iniciar el camino con Cristo, pero no completarlo.

Lucas 9:62 es tan claro al respecto como cualquier otro, cuando «Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios». Si empezamos, poniendo nuestras manos en el arado, pero en algún momento nos apartamos de la tarea que tenemos entre manos, entonces Jesús nos dice que no somos aptos para su servicio. Sólo si continuamos permaneciendo en Cristo vamos a ser fructíferos; el resultado de la infructuosidad es ser arrancados de la vid y arrojados al fuego (Juan 15:1-6).

Glorificación

La tercera fase de la salvación es lo que ocurre al final de esta vida, a menudo denominada glorificación. Para mí, 1 Pedro 1:5 es el que mejor lo expresa cuando, hablando de los creyentes, dice: «que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero». Estamos a la espera de una salvación que espera ser revelada. Es una reminiscencia de la revelación de una obra de arte; sabemos que está ahí, pero su aspecto es un tanto misterioso. Lo mismo ocurre con nuestra salvación; sabemos que nos espera, pero lo que realmente supondrá está más allá de nuestro conocimiento. En cambio, la esperamos con impaciencia. Más adelante en este capítulo, Pedro dice, en 1 Pedro 1:9, que estamos «obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». La salvación de nuestras almas está todavía en el futuro, y es algo que esperamos con ilusión.

Pablo expresa un pensamiento similar en Romanos 13:11 diciéndonos «Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos». Nuestra salvación está cada vez más cerca. Mientras hemos sido salvados, y estamos siendo salvados, también esperamos ser salvados. El proverbio «no está terminado hasta que la dama gorda cante» es algo apropiado aquí. La salvación no está completa mientras vivamos en este mundo.

Cuando se miran los pasajes en la sección «Argumentos contra la seguridad eterna», se encuentran muchos que expresan la necesidad de aguantar hasta el final, sosteniéndose firmemente, o que expresan la importancia de no abandonar la fe. Casi se podría decir que uno no podría perder su salvación, porque de manera muy real no la tenemos mientras vivamos en la carne. Debemos tener una fe perseverante para llegar al final y experimentar finalmente la salvación. Más importante que cómo se empieza la vida cristiana es cómo se termina.

La seguridad de la salvación

Entonces, si es posible que uno pierda su salvación, es decir, que caiga de la gracia, ¿es posible tener seguridad de su salvación? La respuesta a esto depende en gran medida de lo que le haría perder su salvación. Conocí a una pareja de jóvenes piadosos hace muchos años y el joven me dijo algo que me dejó atónito en ese momento, y es algo que nunca he olvidado. Dijo que, si miraba a una mujer con lujuria en su corazón, salía a la carretera y era atropellado por un camión y moría, iría al infierno. Su salvación dependía de buscar el perdón para cada pecado que cometiera. Por mucho que admire y respete a esta joven pareja, no encuentro que eso se enseñe en la Escritura en ninguna parte, aparte de un malentendido de 1 Juan 5:18, «Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.» y pasajes similares de esa carta.

Si no pierdo mi salvación con cada pecado, ¿hay algunos pecados específicos que pueden quitarme de la gracia de Dios? 1 Juan 5:16 dice que «Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida». ¿Cuál es este pecado que lleva a la muerte; pecado por el que no debemos ni siquiera molestarnos en orar? Juan parece definir dos categorías de pecados, unos que son perdonables y otros que no lo son. ¿Pero cuál es el pecado imperdonable? Algunos, como la Iglesia Católica Romana, especifican que algunos pecados específicos son mortales, es decir, imperdonables, mientras que otros son veniales, o perdonables. Otros ven este pecado imperdonable como la blasfemia del Espíritu Santo mencionada por Jesús en Mateo 12:32. Y otros ven este pecado imperdonable como un rechazo del evangelio.

El rechazo del evangelio parece ser lo que Pablo está tratando en Gálatas 5:4 cuando dice «De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído». Estas son personas que deben haber estado conectadas con Cristo en algún momento, de lo contrario, ¿cómo podrían estar separados de él? ¿Qué habían hecho para ser separados de él? Habían cambiado el evangelio, y la gracia de Dios, por la justificación por la ley, es decir, un evangelio diferente. Como resultado habían caído de la gracia, y esta parece ser la clave en el tema de perder la salvación. ¿Has abandonado tu fe y la gracia de Dios, ya sea por un evangelio diferente, o simplemente para volver al mundo? Si es así, entonces usted no ha aguantado hasta el final, y no es salvo.

Puedo tener la seguridad de mi salvación. Mientras sea fiel y sirva a Dios, mientras persista la fe, soy salvo. Si no llego a la perfección, mi salvación no se ve afectada. Si no estoy creciendo lo suficientemente rápido, esto no impacta mi salvación. Si abandono mi fe en Jesús, alejándome del evangelio proclamado en la Biblia, ya no soy salvo. No perderé mi salvación por accidente. Es debido a una elección de mi parte, osease, quitar mi mano del arado y apartarme (Lucas 9:62).

La seguridad eterna no es una doctrina crítica o escencial para los arminianos. Muchos arminianos creen en la doctrina de la seguridad eterna y  muchos otros, que de otra manera podrían considerarse arminianos, eligen no identificarse como arminianos debido a una creencia errónea de que la posibilidad de perder la salvación es una doctrina central del arminianismo. Muchos incluso llegan a identificarse como calvinistas y eso es realmente desafortunado ya que son realmente arminianos. Los puntos de vista expresados en este post son míos, y no son sostenidos por todos los arminianos. Independientemente de su posición sobre la seguridad eterna, si usted acepta las doctrinas de la depravación total, la expiación ilimitada, la elección condicional y la gracia resistible, usted es un arminiano.

Este artículo fue publicado originalmente en A Clay Jar. Es el séptimo de una serie sobre soteriología arminiana.

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